El alcalde “encuentrista” de Oberá, Pablo Hassan, envió al parlamento comunal un proyecto bizarro: propone modificar el clásico sentido de circulación de las calles en el microcentro de la ciudad. Dice que para ordenar el tránsito y mejorar el andar del transporte público.
Hay que decir tres cosas: primero, sabiendo con los bueyes que aramos (los que manejan la ciudad hace veintidós años), el negocio debe ser fenomenal.
Segundo, dicen que esta propuesta surgió de “técnicos” en la materia. Deben ser técnicos que viven en Bulgaria porque cualquiera que recorre Oberá sabe que los problemas del tránsito no están ligados a las normas vigentes sino a la falta de respeto a las normas vigentes. No son las calles. Son los conductores.
Tercero, dicen que “urbanistas” postularon a la Plaza San Martín como el lugar indicado para hacer una estación de transferencia? ¿En serio eso se le ocurrió a “especialistas”?
Que el proyecto prospere dependerá de la sociedad y su capacidad de involucrarse en la cosa pública. Cuando algunos se portaron como ciudadanos consiguieron que se derogara el nuevo Código Fiscal que proponía la creación de una oficina de recaudación paralela a la oficina de Hacienda. Es un buen ejemplo. El poder siempre tantea hasta donde la sociedad le permite hacer lo que quiere.
Escribe Julio Cortázar: “Hasta lo inesperado acaba en costumbre cuando ya se aprendió a soportar”.
¿Qué harán los obereños con este asunto que afectará su futuro?
¿Lucharán?
¿O soportarán?
Walter Anestiades
