Limpiaba casas para salvar a su hija y terminó siendo la escritora de la exitosa serie de Netflix

‘Las cosas por limpiar’ se ha convertido en el más reciente éxito de Netflix. La serie ha conquistado a gran parte de los territorios donde la compañía tiene presencia debido a la conmovedora historia de su trama, donde una mujer tiene que abrirse paso a las adversidades de la vida. 

Desde la perspectiva de Alex, la protagonista, la serie de Netflix nos adentra a la complicada vida de una joven madre de una pequeña niña, que lucha por salir adelante de los abusos de su pareja sentimental. Los desgarradores escenarios para encontrar resolver necesidades básicas como techo o comida hacen de ‘Las cosas por limpiar’ una producción humana desde distintos puntos de vista. 

La conmovedora historia de ‘Las cosas por limpiar’ están basadas en un caso real. La producción es una adaptación del libro de Stephanie Land ‘Hard work, low pay, and a mother’s will to survive’, el cual fue publicado en el año 2019 convirtiéndose en un best seller. 

El libro causó tal revuelo, que incluso el ex presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, lo incluyó en la lista de recomendaciones literarias para el verano. 

Como sucede con algunas producciones originales, ‘Las cosas por limpiar’, llegó sin mucha promoción, pero encontró en los suscriptores la rápida aceptación. 

 

Multifacética protagonista 

Algo que ha llamado la atención es sin duda la actuación de Margaret Qualley, la protagonista de ‘Las cosas por limpiar’. La joven obtiene en esta serie de Netflix su primer protagónico después de dejar atrás una de sus pasiones: el baile. 

Desde joven, Qualley se había enfocado en esta disciplina donde incluso, alejada de su familia se comenzó a dedicar de lleno desde los 14 años, sin embargo, con el tiempo decidió que no era lo que deseaba hacer cambiando al modelaje, actividad que le permitió estudiar a la par actuación en la ciudad de Nueva York. 

las cosas por limpiar con niña en hombros
Foto: Netflix.

Y aunque es aun corta su carrera como actriz, la joven ya cuenta con una nominación al Emmy por su interpretación de Ann Reinking en ‘Fosse/ Verdon’. Ahora con su papel de Alex en ‘Las cosas por limpiar’, le pronostican un futuro prometedor ya que acertó con su interpretación de una madre cuando en al vida real ella no ha pasado por esa experiencia. 

 

Actuación con lazos de sangre 

Otro dato que ha atrapado al público es conocer que la relación de madre e hija en la serie traspasa las pantallas. Ambas actrices son en la vida real madre e hija. Incluso fue la misma Margaret Qualley quien recomendó a su madre la actriz Andie MacDowell para sumarse al reparto y darle vida a este personaje cuya bipolaridad atormenta las situaciones de la trama.

La actriz consagrada Andie MacDowell, según declaraciones, quedó sorprendida después de ser considerada para el papel. Otro factor es que para inspirarse en el papel bipolar de la madre de la protagonista, la actriz usó como referencia a su propia madre, quien fue diagnosticada con esquizofrenia después de haber nacido. 

las cosas por limpiar Netflix madre e hija

 

La historia real

I: La huida

Land se crio entre Washington y Anchorage, Alaska, en una casa de clase media y manteniendo una relación poco agradable con su padre. A los 16, un accidente automovilístico le provocó un trastorno de estrés postraumático que le marcaría la vida para siempre.

Tras una breve e intensa relación de cuatro meses con un hombre que la dejaría sola tuvo a su primera hija, aquella que acompaña al personaje de Margaret Qualley -quien la interpreta- en la serie. El destino (o la obligación de huir para poder tener una vida mejor) la alejaría de su ciudad natal y la llevaría a vivir de limpiar casas para poder sobrevivir y mantener a su bebé.

Stephanie Land y su hija años atrás. Foto: Instagram

Stephanie Land y su hija años atrás. Foto: Instagram

II: La sirvienta

La crisis económica del 2008 hizo que su travesía fuera aún peor. Stephanie trabajó durante años como empleada doméstica para intentar salir de una situación económica deplorable. Cobraba nueve dólares la hora -el salario más bajo que podía recibir por ese trabajo en su momento- y no contaba con vacaciones ni era resarcida si por algún motivo tenía que faltar al trabajo.

Durante el tiempo que limpió casas se las tuvo que arreglar viviendo en albergues de mujeres de bajos recursos y además recurrió a varios programas de asistencia social para cubrir los gastos necesarios.

En las casas de sus clientes vio (y vivió) de todo. En un excelente escrito que hizo para Vox admitió, entre otras cosas, que les ponía nombres a los hogares en los que trabajaba.

Stephanie compartió la promoción de su miniserie en las calles de Estados Unidos. Foto: Instagram

Stephanie compartió la promoción de su miniserie en las calles de Estados Unidos. Foto: Instagram

Estaba el de la pornografía, al que le decía así “por los números de Hustler en la mesita de noche y por la botella de lubricante que a veces se sentaba frente al despertador, iluminada por los números rojos”.

También limpiaba la “Casa Triste”. “Hice ambas casas cada dos miércoles, pero no fui mucho a la Casa Triste. El propietario pasó mucho tiempo en el hospital, por lo que su casa se mantuvo limpia, a excepción del polvo que se depositó en las encimeras de la cocina y la mesa del comedor”, describió sobre aquella.

“Su esposa había muerto unos años antes, supuse a finales de los 80, pero todas las baratijas que había reunido permanecían en los alféizares de las ventanas, y sus listas de tareas pendientes seguían pegadas al tablero de corcho junto al escritorio de la cocina”, agregó.

En la nota de Vox admitió que nunca conoció en profundidad a sus clientes y que sus lugares de trabajo eran muy solitarios.

También que hubo varios dueños que gastaron mucho dinero en cosas aparentemente insignificantes y en ella. Dijo, por ejemplo, que una casa a la que iba tenía un recibo por una manta que era más cara que su auto y que la tarjeta de Navidad de uno de sus clientes que la “adoraba” llegó a darle un bono de cien dólares, el más alto que había visto alguna vez.

III: La escritora

Después de seis años de limpieza en Washington y Missoula, finalmente pudo usar préstamos estudiantiles y becas Pell para mudarse y obtener una licenciatura en inglés y escritura creativa de la Universidad de Montana.

Durante sus estudios publicó sus primeros escritos en forma de publicaciones en blogs y publicaciones locales. Al graduarse de la Universidad de Montana se independizó de los cupones de alimentos, comenzó a trabajar como escritora independiente y se convirtió en colaboradora de redacción del Center for Community Change .

Al referirse a su libro, aquel que hoy es una exitosa serie, la autora sostuvo que lo que trató de hacer a la hora de escribirlo era ser consciente y concentrarse en los momentos del día en los que se sintió realmente conectada con su hija y presente con ella.

Parte de la familia de Land. Foto: Instagram

Parte de la familia de Land. Foto: Instagram

“Todo lo que nos rodeaba era tan caótico y ocupado. Quería grabar esos momentos con ella porque eran hermosos y estaban en mi mente y porque sabía que se perderían en el ajetreo de nuestras vidas. Y eso resultó ser cierto”, dijo en una nota.

Otra beca de escritura con el Centro para el Cambio Comunitario tras su graduación la asentó en su nueva profesión. Hoy en día está casada con Tim Faust y su familia, con sede en Missoula, Montana, incluye cuatro hijos y dos perros (los muestra constantemente en sus redes sociales, para fortuna de sus seguidores).

IV: Reflexiones

En diálogo con Courant, Land relató lo difícil que resultó su camino hasta poder vivir cómodamente con su familia. Sin embargo, el miedo a la pobreza sigue estando.

“Pensé que era un absoluto fracaso. Entraba en las casas de los clientes que tenían la misma edad que yo, casas bonitas, garajes para dos autos. Pensé que era mi culpa no tener lo mismo”, reveló en aquella entrevista.

“Todavía lucho con el trastorno de estrés postraumático. No creo que exista una verdadera cura para el trastorno de estrés postraumático. He tenido trastorno de estrés postraumático desde que tuve un accidente automovilístico cuando tenía 16 años. Muchas cosas por las que pasé durante ese tiempo lo perpetuaron y lo dejaron sin tratar”, explicó.

Margaret Qualley en Las cosas por limpiar.

Margaret Qualley en Las cosas por limpiar.

No cree que nada de lo que le sucedió en este sentido haya sido por su culpa, ya que piensa que ocurrió porque estaba realmente “abrumada” con su situación: “En aquel entonces, los ataques de pánico surgían sin previo aviso. Estaba totalmente bien y luego tenía un ataque de pánico severo. Son realmente aterradoras”.

Por suerte, desde que dejó de limpiar casas pudo mejorar: “No he tenido uno realmente severo en mucho tiempo. Estoy mucho mejor ahora, pero siempre estoy planeando lo siguiente, ¿qué voy a hacer? ¿Me llegará el dinero este mes?”.

Al responder de qué modo debería ayudar el gobierno estadounidense a terminar con la pobreza, Stephanie Land respondió: “La única forma de ayudar a una población enorme es hacer que el cuidado infantil sea más asequible, pagar a los trabajadores un salario mínimo más alto y crear un entorno semi-asequible para las personas”.