NO LO VIERON VENIR

Lo sucedido dejó perplejos a propios y extraños. Porque no hubo un voto castigo generalizado. El poder renovador perdió en un solo lugar en todo Misiones: en Oberá. La segunda ciudad de la provincia. Allí un señor que se postuló por primera vez a un cargo público derrotó al poderoso y aceitado aparato que incluye todo un gobierno provincial, un gobierno comunal, casi todos los medios de comunicación, punteros, justicia y hasta pseudo-opositores. Sucedió algo que un astuto estratega político como Carlos Rovira no va ni a tolerar ni a perdonar. No lo vieron venir…

Algunos amigos renovadores tienen hoy en sus bocas el argumento de que la oposición ganó por ley de lemas. Se les podría contestar como don Luis Sandrini en una película: “que lo digas vos”.

El lema Juntos por el Cambio superó al lema Frente Renovador, en el escrutinio provisorio, por menos de cien votos, existiendo casi 2 mil votos Observados y casi otros dos mil en Blanco. Los popes de Juntos por el Cambio deberán demostrar que saben defender el mandato que el pueblo les dio en las urnas. Y lo van a tener que empezar a demostrar desde este jueves, cuando arranque el escrutinio definitivo en Posadas. Para el PRO, radicales y puertistas sería un papelón definitivo que se vayan victoriosos y vuelvan derrotados.

Carlos Alberto Bernhardt es un hombre conocido en la ciudad pero no famoso. Goza de una buena reputación. Esa que se gana a base a honestidad y años de laburo. Él y su equipo deberán probar que son capaces de sacar el cargo de Defensor del Pueblo del lugar de “adorno institucional” en el que está desde que Patricia Nittmann lo ocupa.

Lo de Bernhardt fue un “batacazo” que atragantó a los periodistas locales. Todos se preparaban a anunciar que Juan Carlos Rossberg había dado un paseo por Oberá como si manejara uno de los remises de su empresa. Y eso no pasó.

Hace unos cuantos comicios que Juntos por el Cambio, acertados o no, representa como nadie a una clase media urbana que está harta de todo lo que huela a renovación y a kirchnerismo. Y motivos locales, provinciales y nacionales para que estén hartos, sobran.

¿Estarán los dirigentes de Juntos por el Cambio a la altura de las necesidades de una sociedad que clama por libertad en un feudo como el ciervo brama por las corrientes de agua? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que los oficialistas, no. Siempre serán parte del problema. Nunca de la solución.

El filósofo Francis Bacon postulaba que la esperanza “es un buen desayuno, pero una mala cena”. Miles de obereños, después de tantas desilusiones, no quieren volver a cenar lo mismo que desayunan.

Por ahora, un poder perplejo se anoticia de que deberá abrirle la puerta de los grandes escritorios a un señor que se les apareció de repente.

Y no lo vieron venir…

Por Walter Anestiades