Si la vas de opositor, tenés que enfrentar a Rovira

Hace casi dos décadas que Carlos Eduardo Rovira hizo de Misiones su propio territorio feudal. Donde nadie lo controla. Donde decide a dedo cuál de sus títeres será gobernador. Donde transformó a los comicios comunales en una mera interna de su partido. Donde cooptó casi todo lo que se podía cooptar. Hace lo que Insfrán en Formosa y cualquier déspota de cualquier feudo argentino.

La etimología de “oposición” nos cuenta que la palabra viene del latín “opositio” que quiere decir “acción y efecto de ponerse en contra”. Pues bien, no hay que ser un politólogo ni exprimir el cerebro para entender que en la Misiones actual, si alguien se pretende opositor debe enfrentarse a los intereses que defiende y representa Carlos Eduardo Rovira. Y si no hace eso, lo suyo es sanata.

En Oberá se ha tornado habitual observar el siguiente procedimiento: aparece gente que se postula como candidato de los distintos sublemas (ese sistema electoral que todos dicen querer cambiar pero siguen votando a quiénes lo mantienen). El candidato recorre los medios, manda a pegar sus carteles, hace campaña, habla. Pasados los comicios se “borra”. Desaparece. Durante los dos años siguientes-a veces cuatro-no abre la boca ni para bostezar. Como si la realidad que decía querer cambiar se suspendiera. Se torna más fácil contar las arenas del desierto que oírlos por radio, verlos en la tele o leer en un medio gráfico alguna declaración suya criticando lo que hay que criticar. Algunos se atreven a una crítica conceptual, sin nombres propios. Por eso a dirigentes como Rovira, o como Leonardo Stellato, no los nombran ni por acto fallido. Stelatto es el alcalde de Posadas que se convirtió en el nuevo “intocable” de la política misionera, tanto para los dirigentes como para la prensa. Y resulta que un día, cuando es tiempo de otra elección provincial y/o comunal, esa misma gente reaparece y cuenta que vuelve a ser candidato “opositor”. A diputado provincial, a intendente, a concejal o a Defensor del Pueblo. Como si le mojaran la oreja a la memoria.

La prensa suele dejar pasar esto a cambio del pago por una publi-nota o por el spot del sublema.

Si ese es el camino, ¿extraña la meta? Porque son los mismos que cuando llegan al parlamento provincial negocian con el propio Rovira su pequeño espacio de poder a cambio de no cuestionarlo. Cualquiera puede, por ejemplo, buscar y encontrar en internet fotos del diputado provincial Martín Sereno, en plena sesión, con la cara de Macri y la nariz alargada a lo “Pinocho” en obvia metáfora. Pero nadie va a encontrar la foto de Sereno con un Rovira a lo “Pinocho”. Y lo tiene enfrente.

En los cargos comunales la situación es similar. ¿Cuántos alcaldes o concejales fueron votados en los últimos años por espacios opositores y terminaron pasándose al oficialismo?

Decía don Leopoldo Marechal que “cuándo se recibe un nombre se recibe un destino”. ¿Cómo puede alguien del que no se tienen noticias de que se oponga a nada de lo que hace un gobierno, postularse al cargo de “Defensor del Pueblo”?

Bien clarito lo tenía Unamuno: “A veces el silencio es la peor mentira”.

¿La vas de opositor? No alcanza con poner tu nombre en una boleta y con un par de meses de acción. Aunque eso sirva para comerse los vales de combustible, ligar un auto o negociar un cargo. En Oberá, a modo de ejemplo, hay personas que siempre, todos los días, luchan contra este gobierno de impresentables que es la renovación. ¿Le ponemos nombres propios? Adelina González, Mariana “Tiny” Jaquet, Ramón Escobar, José Fabio, Leandro Sánchez, Liliana Müller, “Marito” Bárbaro, Roberto Silverstone, y unos cuantos más. Aunque se postulen y la mayoría no los elija, ellos perseveran.

¿Qué es muy difícil hacer oposición en un feudo? Claro que sí. Entonces, o se tienen cojones u ovarios para hacer política en un lugar así. O mejor dedicarse a otra cosa.

Está muy bien militar contra el despotismo nacional. No se pueden dejar pasar las groserías perpetradas en nuestro país por un poder ejercido por la colección de gente más detestable que vimos desde el 83. Pero no está bien que me afecte lo que pasa a mil kilómetros y me resbale lo que ocurre en la esquina de mi casa.

¿Cómo reconocer a un opositor en Misiones? Tiene que enfrentarse a Carlos Rovira y a sus lacayos. No solo en campaña. Siempre.

“Fracasá mejor”, proponía el dramaturgo irlandés Samuel Beckett. Resistir ante el fracaso inevitable.

Puede que haya Rovira para rato.

Pero, si la vas de opositor, resistí. Hacé política todos los días, de enero a diciembre, haya comicios o no. Criticá. Investigá. Colaborá con el poco periodismo que queda. Pelea contra las injusticias. Quedá mal con los canallas. Tomá ácido fólico. Quedate afónico de tanto gritar verdades aunque nadie las quiera oír.

Fracasá mejor.

 

Por Walter Anestiades