Recordaron el Día Nacional de Japón, país que envidiaba a la Argentina hace varias décadas

OBERÁ. Hoy es el Día de la Fundación Nacional de Japón (建国記念日kenkokukinen-bi, también 建国記念の日, kenkokukinen-no-hi) que se celebra anualmente el 11 de febrero. En este día los japoneses celebran la fundación de la nación y de la familia imperial por su legendario primer emperador Jinmu.

A pesar que la celebración de la fundación de Japón por el Emperador Jinmu está dentro de la historia japonesa, el Día de la Fundación Nacional no se convirtió en un día festivo hasta enero de 1873 cuando Japón cambió del calendario lunisolar al calendario gregoriano. Los eruditos japoneses usaron el Nihonshoki (日本書紀?) para calcular la fecha exacta, que era el 11 de febrero del 660 a. C.

Sin embargo, para los historiadores, no han encontrado evidencias de esta fecha o de la existencia del emperador aparte del Nihonshoki.​ Originalmente la fecha fue llamada Kigensetsu (紀元節? Día del Imperio).2​ Se cree que el Emperador Meiji haya establecido esa festividad para reforzar la legitimidad de la familia imperial después de la abolición del Shogunato Tokugawa. Conllevó a que la leyenda del Emperador Jinmu y de su antecesora la diosa Amaterasu se relacionaran con la familia imperial y el Emperador Meiji se declaró como gobernante legítimo de Japón. ​Durante el Kigensetsu se realizaban grandes desfiles y festivales, y era considerada una de las cuatro festividades más importantes de Japón. Dada su relación con la nobleza japonesa, el Kigensetsu fue abolido después de la Segunda Guerra Mundial y fue restablecido con el nombre de Día de la Fundación Nacional en 1966. Aunque se han suprimido las referencias al emperador, el Día de la Fundación Nacional es un día que se expresa patriotismo y amor al país. Al contrario del Kigensetsu, las celebraciones del Día de la Fundación Nacional son relativamente poco importantes. Sólo se incluye la izada de banderas japonesas y en el resaltamiento de los valores ciudadanos.

Por ese motivo, hoy se realizó el izamiento de la bandera de Japón en el Centro Cívico de Oberá, con la presencia de integrantes de la Colectividad Japonesa, su reina Belén Cantero Suenaga fue la encargada de izar la misma. También estuvieron presentes integrantes de la Federación de Colectividades y funcionarios del Gobierno de la Ciudad de Oberá.

 

 

Hasta hace unos 70 años los japoneses envidiaban a la Argentina. Después, los dos países tomaron caminos inversos en casi todos los planos, con los resultados conocidos. Y terminó la envidia o, en todo caso, cambió de sentido, dice el historiador japonés Hiroshi Matsushita, que ha visitado la Argentina reiteradas veces.

Nunca olvidará la primera. Fue en junio de 1966, una semana después de que el general Juan Carlos Onganía derrocara a Arturo Illia. La Universidad de Buenos Aires estaba cerrada e intervenida. Matsushita siguió, no sin temor, su camino a Mendoza, donde lo esperaba una beca en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Cuyo.

Matsushita es un referente en el estudio de los orígenes sindicales del peronismo y en la relación entre Estado, trabajo y gremios en la Argentina moderna. Estas investigaciones dieron lugar a su libro Movimiento obrero argentino 1930-1945 . También ha escrito Peronismo, autoritarismo y dependencia El populismo clásico y el neopopulismo en América latina , editado por el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Nanzan.

Matsushita, licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Tokio, y doctor en Historia por la Universidad Nacional de Cuyo, brindó una entrevista a La Nación en 2017 donde dijo “Ayer, Japón envidiaba a la Argentina; hoy ocurre lo contrario”.

En la entrevista, el periodista le preguntó “en qué se basó el llamado milagro japonés”, a lo que Matsushita respondió “Fue más esfuerzo que milagro. Diría que se debió a la reforma económica y educativa propuesta, o mejor dicho impuesta, por los Estados Unidos en la posguerra. Creo que si Japón no hubiera perdido la guerra no se habría dado una reforma tan estructural. Se aplicó una política de ajuste muy severa. En la década del 60 el gobierno lanzó un programa de incremento del ingreso per cápita. La promesa fue aumentarlo un ciento por ciento en diez años, pero resultó que al cabo de ese tiempo… se había triplicado”.

Además habló de las diferencias “En Japón, el 90 por ciento de los sindicatos se forma dentro de cada empresa. No están agrupados por sectores industriales, como acá. Allá los sindicalistas tienen que preocuparse por los problemas cotidianos de la gente, por sus salarios, por su calidad de vida, no por luchar contra el gobierno ni por hacer política. Lo que ocurrió en la Argentina fue que mientras la torta, el producto bruto nacional, se achicó, especialmente a partir de 1960, las demandas del sector laboral se incrementaron. Entonces, lógicamente, la puja distributiva se agudizó, y con ella el conflicto político. Recuerdo que cuando vine por primera vez, para los japoneses éste era un país envidiable. Todos vivían relativamente bien aquí con poco esfuerzo. Si entonces la Argentina hubiera lanzado una política de industrialización acelerada y de fomento de las exportaciones, como ocurrió con algunos países asiáticos, seguramente la Argentina estaría viviendo otra realidad”.