Lo condenaron a 18 años de prisión por el secuestro y ataque sexual de su ex pareja

OBERÁ. Rosalí Lourdes Viera creyó ver en Irio Pless el hombre ideal para darle un mejor pasar a sus dos hijos, pero esa elección terminó convirtiéndose en un verdadero drama con un epílogo insospechado: un secuestro que duró tres meses.La mujer, que intenta reconstruir su vida junto a otro hombre, todavía tiembla cuando ve a Irio Pless (50), un brasileño nacionalizado argentino, que ayer fue condenado a 18 años de cárcel por privación ilegítima de la libertad agravada por la participación de más de dos personas y uso de arma de fuego, y mediando violencia de género.

La joven residía en la zona de Pozo Azul, en la zona Norte de Misiones, y en 2016 consiguió un trabajo de empleada doméstica en la casa de la madre del acusado, en la ciudad brasileña de Santo Antonio.

Rosalí contó que Irio apareció en escena cuando ella renunció al trabajo porque extrañaba a sus hijos. Cuando estaba por retornar, el hombre llegó y se ofreció amablemente a trasladarla hasta su casa, distante unos cien kilómetros.

Después, el hombre la invitó a un baile y al poco tiempo le ofreció vivir en pareja. Rosalí aceptó y la relación parecía afianzarse, pero al poco tiempo comenzaron los malos tratos, insultos y hasta amenazas de muerte. Rosalí sintió que esa no era la vida que quería para ella y sus hijos e intentó volver a Pozo Azul. “Me dijo que si no era de él, no iba a ser de nadie”, recordó ante los jueces.

La víctima huyó pero al poco tiempo retornó por las amenazas de muerte que Pless profería hacia sus hijos. La situación no mejoró y la mujer volvió a abandonar al violento.

En su declaración aseguró que en una ocasión Pless la llevó hasta un pinar con intenciones de matarla, pero desistió por sus ruegos. En otra ocasión le advirtió que podía asesinarla y arrojar su cuerpo a una laguna repleta de pirañas para que nadie pudiera hallarla.

Rosalí se armó de coraje y volvió a escapar del violento, pero su tranquilidad no duraría mucho. En la tarde del 12 de mayo de 2016, Pless y otro hombre secuestraron a Rosalí cuando caminaba junto a su madre hacia su casa en el paraje Portón Viejo, en Pozo Azul. A punta de revólver la llevaron a un pinar y allí la obligaron a subir a una moto.

La mujer fue llevada hasta una colonia de San Pedro y allí estuvo secuestrada tres días en la casa de un amigo de Pless.

Fue la ex pareja del imputado, Ivonilda Queiroz, que acudió al lugar con un remís para trasladar a la cautiva hasta Brasil. El cruce se realizó por un paso clandestino para evitar los controles migratorios.

Primero quedaron en la vivienda de la mamá de Pless, y luego en la chacra de un hermano de Irio, donde permaneció casi tres meses.

El dueño de casa advirtió que algo raro había y aprovechó un viaje de Pless a Argentina para trasladar a su ex cuñada hasta la frontera, donde la entregó a la Policía y sus familiares.

El violento continuó con el acoso y la Policía decidió tenderle una trampa. Con la colaboración de Rosalí pactaron un encuentro para retomar la relación, pero al lugar acudió William, el hijo de Irio. La situación enfureció aún más al brasileño, que continuó con las amenazas.

La investigación siguió y el 9 de marzo de 2017, la Policía logró detener al violento y a su ex pareja.

Durante el proceso, William e Ivonilda, fueron excarcelados y aprovecharon para escapar. Todavía están prófugos y con pedido de captura.

En las últimas semanas, Irio rechazó declararse culpable. Le habían ofrecido una condena de diez años de cárcel en juicio abreviado. Ayer el Tribunal Penal de Oberá le sumó otros ocho años.

FUENTE: Clarín.

FOTOGRAFÍA: Luciano Ferreyra.