Pagó para que maten a su marido, y sus hijas la complicaron en el juicio: “Me pidió que esconda el arma y limpie el lugar”

OBERA. Este miércoles será la última jornada del debate oral. A Claudia Pereyra Da Costa la acusan de pagarle a un preso con salidas transitorias para asesinar a su esposo, hecho que se concretó en la noche del 22 de junio de 2013 en la zona rural de El Soberbio (Misiones), a unos 280 kilómetros de Posadas.

A pocos metros de Claudia (y también muy comprometido por las pruebas) se sentó Lovis Ferreyra, el sospechoso de haber ejecutado a Ángel Altísimo (44) con 4 disparos.

En la primera jornada del juicio oral que se realiza en el Tribunal Penal Uno de Oberá, los dos acusados optaron por no declarar pero no descartaron hacerlo al final de las testimoniales.

En el expediente se da por hecho que Ángel fue asesinado con un revólver calibre .38 marca Amadeo Rossi, que le pertenecía.

El arma había desaparecido un tiempo antes junto con 14.000 reales (casi 85.000 pesos a la cotización actual) que la víctima tenía guardados en un frasco. Se supone que Claudia Pereyra Da Costa usó ese dinero para pagar por el crimen de su marido.

Con lágrimas, las dos chicas recordaron los momentos posteriores al ataque que terminó con la vida de su padre.

La primera fue Vanesa (25), quien dijo que durante el cumpleaños de un tío recibió un llamado de su madre para avisarle que el papá “estaba muy mal”.

Con mucha valentía, contó que “ella me ordenó limpiar el lugar donde le dispararon a mi padre y ocultar el arma porque tenía la huellas de todos. Me dijo que todos íbamos a terminar presos”.

Y añadió que entonces su mamá le dijo que Ángel se había enfrentado a tiros con ladrones y la obligó a guardar 2 vainas servidas que halló en la casa.

El relato fue completado por la pareja de Vanesa, Clayton Perassol. El muchacho contó que cuando su suegra le pidió que escondiera el revólver “yo pensé que era por los chicos, porque es un arma peligrosa. Cuando los policías me preguntaron si había encontrado algún arma, no dudé en entregarles el revólver que estaba guardado en el garaje”.

También sostuvo que llevó a Ángel al hospital y lo oyó rezar “bajito”: le pedía a Dios seguir viviendo.

Otro testimonio clave fue el de la otra hija, Camila (23), quien después del crimen de su papá tuvo que abandonar los estudios para cuidar a sus hermanos menores y procurarles el sustento en la chacra familiar.

La chica reveló que su mamá le confió en una visita a la cárcel que se había arrepentido de contratar al sicario e intentó dar marcha atrás, pero el hombre le dijo que necesitaba el dinero.

Claudia Pereyra Da Costa conocía a Lovis Ferreyra: el presunto asesino (que ya había purgado una condena de 6 años y 8 meses por robo calificado) vivía en la misma colonia que los Altísimo hasta que fue apresado.

Durante la instrucción, la acusada declaró que “Nunca nos llevamos bien con mi marido. Él no funcionaba en la cama”….“Le dije que haga nomás el trabajo. Que mate a mi marido”.

El vínculo entre ambos quedó probado por los mensajes que intercambiaban por teléfono y también por el registro de visitas de la Unidad Penal II.

El caso demoró en llegar a juicio porque la acusada se fugó durante un año al ser beneficiada con la excarcelación. La Policía la halló en Luján, provincia de Buenos Aires.

(Fuente: Clarín/El Territorio)