Misiones y la trampa del beneficio: cuando la libertad de comer cotiza en el «Ahora»

Durante los cuatro años de la presidencia de Alberto Fernández (2019–2023), la provincia de Misiones desplegó un abanico casi infinito de paliativos financieros bajo el sello de los programas «Ahora». En los papeles, el catálogo prometía aliviar el bolsillo en cada rincón de la vida cotidiana:


​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐌𝐢𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐌𝐢𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 +𝟐𝟏 / +𝟏𝟓 (𝐜𝐨𝐟𝐢𝐧𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐄𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨 𝐍𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥)
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐂𝐚𝐧𝐚𝐬𝐭𝐚 (𝐜𝐨𝐟𝐢𝐧𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐍𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐚𝐥𝐢𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐛𝐚́𝐬𝐢𝐜𝐨𝐬)
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐏𝐚𝐧 (𝐬𝐮𝐛𝐬𝐢𝐝𝐢𝐨 𝐚𝐥 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐤𝐢𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐧)
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐂𝐚𝐫𝐧𝐞
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐆𝐨́𝐧𝐝𝐨𝐥𝐚 / 𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐅𝐞𝐫𝐢𝐚
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐁𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐃𝐮𝐫𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐂𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐅𝐚𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐚 / 𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐑𝐞𝐦𝐞𝐝𝐢𝐨𝐬
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐆𝐚𝐬 (𝐨𝐩𝐞𝐫𝐚𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐠𝐚𝐫𝐫𝐚𝐟𝐚𝐬 𝐢𝐭𝐢𝐧𝐞𝐫𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬)
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐏𝐚𝐭𝐞𝐧𝐭𝐞
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐄𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐓𝐮𝐫𝐢𝐬𝐦𝐨 / 𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐕𝐢𝐚𝐣𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐌𝐢𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐌𝐚𝐬𝐜𝐨𝐭𝐚𝐬
​𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐆𝐚𝐬𝐭𝐫𝐨𝐧𝐨𝐦𝐢́𝐚

​Incluso en un escenario donde coincidieron gobiernos de la misma sintonía política y discurso popular, tanto en la Nación como en la provincia, Misiones fue incapaz de desprenderse de la muleta del subsidio. Pese a la retórica de un Estado presente y la supuesta bonanza de la alineación política, la gestión ineficiente de los recursos públicos derivó en una paradoja constante, la provincia jamás logró que sus ciudadanos pudieran comprar el pan diario sin la intervención de una caja estatal.

​En lugar de sanear la economía y fomentar condiciones para sueldos genuinos, la estrategia del oficialismo priorizó la precarización sistemática del empleo público. Los salarios estatales continuaron engrosándose con componentes en negro, adicionales no remunerativos y básicos de miseria. En vez de pagar lo que corresponde por el trabajo realizado y garantizar la dignidad salarial, el Estado provincial prefirió administrar la escasez a través de cupones, reintegros y días prefijados de descuento.

​Al trabajador precarizado se le ofreció la ilusión de la ayuda estatal, comprar con la tarjeta tal día, en tal negocio y bajo el paraguas del beneficio concedido. Así, el acto más básico de libertad económica, ir al almacén de la esquina a comprar un paquete de galletas con un sueldo digno e independiente, quedó supeditado a la generosidad de turno.
​El modelo vendió una falsa empatía que no buscó liberar a la gente de la pobreza, sino administrarla. Una estrategia orientada a que la sociedad crea que come gracias a la buena voluntad del gobernante, garantizando una subordinación económica eterna bajo el rótulo de la ayuda social.

Por Gastón Arotcharem