CAMPO VIERA: A 25 AÑOS YO NO ME OLVIDO.
Por Javier Lopez.
Por la memoria de Silvia Andrea González (15 años) y la dignidad de un pueblo que no olvida.
Hay fechas que no se conmemoran: sangran.
Este 18 de octubre no fue un día cualquiera. Se cumplieron 25 años del crimen más atroz, vil y despiadado del que tenga memoria Campo Viera. Un cuarto de siglo desde que el horror nos golpeó de frente y nos arrebató la inocencia para siempre.
Todavía retumba en mi cabeza la voz desgarradora a través de la radio del querido Enrique Cismindi, pidiendo auxilio a la comunidad para dar con el paradero de Silvia Andrea González, esa niña de apenas 15 años vista por última vez aquel 11 de octubre de 2001. Aún me corre un escalofrío por la espalda al recordar la angustia colectiva, la desesperación en cada calle… hasta que llegó el hachazo.
El 18 de octubre, la confirmación del infierno: Silvia Andrea fue hallada muerta.
La impunidad como bandera
Lo que vino después no fue solo dolor; fue desprecio. Fuimos testigos del atropello más impune, del manoseo cobarde a las instituciones y de una justicia pisoteada por las botas del poder político.
Operaron en la sombra. Desmontaron la verdad. Todo para proteger, encubrir y salvarle la piel a quienes se creían los «dueños» o los «personajes» intocables de nuestro pueblo. Para ellos, la vida de una adolescente no valía nada comparada con sus privilegios y sus cargos.
El mensaje fue claro y perverso: el poder por encima de la vida.
Dividieron una comunidad en dos, los que podíamos Justicia y del otro lado los que cubrían
Cuentas pendientes con la historia.
A 25 años de aquel tiempo oscuro que marcó a fuego a Campo Viera, las piezas se reacomodaron, pero la cicatriz sigue abierta:
Algunos pagaron parte de su culpa en la cárcel.
Otros partieron de este mundo para rendir cuentas ante una justicia divina a la que no pudieron sobornar.
Y otro utilizó el poder político como un escudo miserable para escapar del castigo terrenal.
Podrán haber burlado a los tribunales, podrán haber manipulado expedientes, pero no van a borrar la historia.
Campo Viera tiene memoria. El dolor no se prescribe, la dignidad no se negocia y la sangre de Silvia Andrea sigue gritando verdad desde la tierra.
