Dos mil socios ¿o dos mil voluntades compradas?

¿Habrá en Oberá 2.000 socios dispuestos a defender lo que es de todos y a votar con libertad, sin vender su voluntad ni dejarse llevar por el miedo o los favores?

Necesitamos 2.000 socios comprometidos con su cooperativa, con su pueblo y con el futuro de la CELO. Socios que no tengan miedo a nadie, ni siquiera a Hassan. Que voten pensando en lo que consideran mejor para todos y no en quién puede hacerles un favor.

Porque hay preguntas que tenemos que hacernos: ¿cuántos se mantendrán firmes hasta el último momento? ¿Cuántos sostendrán sus convicciones y cuántos terminarán cediendo ante un favor pendiente, un compromiso o una ayuda momentánea?

Una bolsa de mercadería, una boleta paga, un vale de combustible o cualquier otro beneficio pueden aliviar una necesidad durante unos días. Y no se trata de juzgar a quien necesita ayuda, porque todos sabemos que hay situaciones difíciles. Se trata de entender que una necesidad de hoy no debería decidir el futuro de una cooperativa que nos pertenece a todos.

Porque la ayuda puede durar unos días, pero la gestión que resulte ganadora va a durar todo un año.
Y durante ese año vamos a seguir afrontando las tarifas, los cortes de luz, los problemas con el agua, las deficiencias del servicio y las decisiones que se tomen desde la cooperativa.

Entonces, la pregunta es inevitable:
¿Cuánto vale nuestro voto? ¿Una ayuda que dura unos días o la posibilidad de elegir quiénes van a tomar decisiones que nos afectan durante todo un año?

La Lista Gris pide que nadie vote por obligación, por miedo ni por compromiso. Que cada socio vote por propia voluntad, con libertad y con la convicción de estar eligiendo lo que considera mejor para la CELO y para todos sus socios.
Pero también hace falta algo más: tener la voluntad y el valor de ir a votar.

Porque una cosa es quejarse en las redes sociales por los cortes de luz, los problemas con el agua, las deficiencias del servicio o las boletas cada vez más abultadas. Otra muy distinta es involucrarse cuando llega el momento de decidir.

No alcanza con escribir un comentario, compartir una publicación o decir que las cosas están mal. Si queremos que algo cambie, tenemos que participar.

Muchas veces no es la falta de opinión lo que nos detiene, sino la pereza, la indiferencia o ese pensamiento de “¿para qué voy a ir si igual nada cambia?”.
Y después, cuando todo sigue igual, volvemos a quejarnos.
Por eso, esta vez, quejarse no alcanza: hay que participar.

Si somos 2.000 socios dispuestos a defender nuestra libertad, ningún favor debería comprar nuestra decisión, ninguna presión debería condicionarnos y ningún compromiso debería estar por encima de nuestros derechos como socios.

Pero esos 2.000 tienen que estar presentes el día de la votación. No alcanza con decir que queremos un cambio: hay que levantarse, ir a votar y hacer valer nuestra voluntad.

Porque el futuro de la CELO no se decide solamente en las redes sociales. Se decide también con la participación de sus socios.

LA CELO ES DE LOS SOCIOS. EL VOTO ES NUESTRO. Y EL DÍA DE LA ELECCIÓN, TENEMOS QUE HACERNOS ESCUCHAR.



Por Gabriela Drganc