Soy un ciudadano común y quise entender una cosa simple: cuánto cuesta los planes «Ahora» que el gobierno dice aplicar para cuidarme.
Esto es lo que sé. El kilo de pan tiene un precio máximo de $3.000 hasta el 15 de octubre. Para sostenerlo, la Provincia bonifica el 50% de la luz de las panaderías adheridas, y los propios panaderos admiten que el margen es mínimo y que la harina subió un 15%. El gobernador, además, informó que los programas Ahora le cuestan a la provincia $775 millones por mes.
Y esto es lo que no sé, porque no encontré nada publicado: cuánto cuesta esa bonificación, de qué partida sale, cuánto aportan los bancos y comercios al resto de los Ahora, y si alguien midió que los beneficios llegan a quienes dicen llegar. Al menos yo no lo encontré.
Con los datos oficiales, esos $775 millones son unos $9.300 millones al año, menos del 1% de los $1,07 billones de tributos provinciales previstos para 2027. Es un orden de magnitud, no una cuenta exacta. Todo eso sale de impuestos que pagamos todos, pero el beneficio lo cobra solo quien compra ese producto, ese día y, en casi todos los programas, con tarjeta bancaria. Quien no tiene tarjeta financia el beneficio y no lo ve.
Mi planteo: si se pagaran menos impuestos y el Estado achicara gastos innecesarios, esa plata quedaría en mi bolsillo. Yo decidiría si compro pan al precio que corresponde, y el panadero cobraría lo que vale su producto. Además, Ingresos Brutos se cobra en cada etapa de la cadena, y sumado a las tasas municipales termina dentro del precio final.
Por eso pido a los diputados, con datos públicos: el costo mensual de cada programa Ahora y de la bonificación eléctrica a las panaderías, la partida presupuestaria de la que sale, los aportes de bancos y comercios, y cualquier evaluación de impacto.
No pido caridad. Pido pagar menos y saber a dónde va lo que pago.
Por Daniel Orloff
