Un informe de IEB Research, elaborado con datos del Banco Mundial, muestra que Argentina todavía tiene por delante la parte más difícil del proceso de desinflación. En la mayoría de los países latinoamericanos, bajar desde niveles superiores al 30% anual hasta un dígito llevó entre 4 y 10 años.
La inflación argentina ya no corre a la velocidad que lo hizo durante el primer tramo del gobierno de Javier Milei. Pero justamente ahí aparece el nuevo desafío: el último tramo de la desinflación puede ser mucho más lento de lo que sugieren los primeros resultados.
Un informe de IEB Research, basado en antecedentes del Banco Mundial, advierte que llevar una inflación anual desde niveles cercanos al 30% hasta menos del 10% no suele ser un proceso rápido ni lineal. En América Latina, la mayoría de los países que lograron esa transición necesitaron entre cuatro y diez años.
El dato introduce una perspectiva diferente sobre el futuro de la inflación argentina: después de la fuerte caída registrada desde el pico de casi 300% anual hasta la zona del 30%, la etapa que viene podría demandar mucho más tiempo.
La región muestra cuánto puede durar el último tramo
Los antecedentes analizados por IEB muestran diferencias importantes entre los países latinoamericanos.
Brasil y Ecuador fueron los casos más rápidos, con apenas dos años para pasar de tasas superiores al 30% a niveles de un dígito. En Brasil, el proceso estuvo asociado al Plan Real y el fin de la indexación de precios, mientras que Ecuador recurrió a la dolarización.
En otros casos, el descenso fue considerablemente más prolongado:
México: 4 años, de 34% a 9%.
Perú: 4 años, de 49% a 9%.
Uruguay: 4 años, de 42% a 6%.
Guatemala: 6 años, de 33% a 9%.
Paraguay: 9 años, de 37% a 7%.
Colombia: 9 años, de 30% a 9%.
Chile: 10 años, de 31% a 8%.
El Salvador: 10 años, de 32% a 9%.
Honduras: 10 años, de 34% a 9%.
La conclusión del informe es contundente: salvo los casos excepcionales de Brasil y Ecuador, la región necesitó varios años para completar el proceso.
Argentina ya no tiene el mismo margen para bajar rápido
El escenario actual también muestra por qué la desinflación enfrenta una etapa diferente.
Después de una fuerte desaceleración inicial, la inflación minorista registró en julio 2,1% mensual, por encima del 1,9% de junio y cortando una racha de tres meses consecutivos de descenso.
Para IEB, ese rebote no necesariamente implica un cambio de tendencia. La expectativa continúa siendo que la inflación siga bajando, aunque a un ritmo mucho más moderado.
El consenso del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) proyecta una inflación mensual cercana al 1,8% para agosto y septiembre, con una desaceleración posterior hacia el 1,7% y 1,6% en octubre y noviembre.
El problema es que, aun con registros mensuales cercanos al 1,5%-2%, la inflación anual puede permanecer durante mucho tiempo en niveles que todavía resultan elevados para una economía que busca recuperar estabilidad de precios.
El problema de la inflación núcleo
Otro de los obstáculos está en la llamada inflación núcleo, que excluye componentes más volátiles.
Según el análisis citado, la inflación núcleo continúa mostrando resistencia a la baja, mientras que los precios regulados —entre ellos combustibles y tarifas— todavía pueden incorporar aumentos postergados.
Esto significa que una caída puntual de algunos precios, como ocurrió con los mayoristas en julio, no garantiza por sí sola una tendencia descendente sostenida.
De hecho, el índice de precios mayoristas se vio favorecido por la caída del petróleo y el gas, que retrocedieron 9,2% en julio y restaron casi un punto porcentual al indicador general. La evolución futura del crudo internacional puede, por lo tanto, volver a modificar ese resultado.
La inflación puede bajar, pero cada vez más despacio
El escenario que describen los especialistas no es el de una inflación que vuelva a acelerarse necesariamente, sino el de una desinflación que entra en su tramo más difícil.
El primer gran descenso fue rápido: pasar de una inflación cercana al 300% anual a una zona próxima al 30%. Pero llevar ese 30% a un dígito requiere atacar una inflación más persistente, con mayor peso de la inercia, los precios regulados y los componentes que responden menos rápidamente a la política monetaria.
Por eso, el dato que surge de la experiencia regional funciona como una advertencia: el desafío para el Gobierno ya no es solamente bajar la inflación, sino conseguir que siga bajando durante varios años hasta alcanzar niveles de un dígito de manera sostenible.
La experiencia latinoamericana muestra que esa última batalla puede ser mucho más larga que la primera.
Bajar la inflación al 10% podría llevar hasta una década
