Cada vez que llueve en Oberá la historia se repite. El arroyo de calle Río Cuarto desborda, el agua invade viviendas y decenas de familias vuelven a perder muebles, electrodomésticos y la tranquilidad de vivir sin miedo a cada pronóstico de lluvia.
Lo más indignante es que este problema no apareció ayer. Los vecinos presentaron innumerables notas en la Municipalidad, solicitaron reuniones, hablaron personalmente con el intendente y reclamaron una solución definitiva mediante el entubado del arroyo o, al menos, una limpieza y mantenimiento permanente.
En algunos casos, los propios vecinos llegaron al extremo de ofrecer los materiales necesarios: piedras y otros insumos para ejecutar la obra. Solo faltaba que el municipio aportara la mano de obra. La respuesta, según relatan los damnificados, fue que había «prioridades más importantes».
Mientras tanto, las familias siguen viendo cómo el agua entra a sus casas cada vez que llueve, acumulando pérdidas económicas y viviendo con la incertidumbre de no saber si la próxima tormenta volverá a arrasar con todo.
Mientras se multiplican los anuncios de nuevos empedrados, cordones cuneta y obras que muchas veces parecen responder más a la foto que a las necesidades urgentes de la gente, hay barrios como Villa Cristian, Tres Esquinas y otros sectores que siguen esperando respuestas concretas.
No se trata de enfrentar barrios entre sí. Cada vecino merece la misma atención, viva donde viva. Pero tampoco es aceptable que porque una zona sea considerada menos vulnerable o más cercana al centro quede relegada durante años.
Y en medio de este abandono también surge otra preocupación: ¿dónde está la Defensora del Pueblo de Oberá?
La defensora fue elegida para representar y defender los derechos de los ciudadanos frente a este tipo de situaciones. No alcanza con ocupar un cargo; hace falta presencia, gestión y compromiso. Cuando decenas de familias padecen un problema reiterado que pone en riesgo sus viviendas y su calidad de vida, el silencio institucional también preocupa.
Es momento de que quienes fueron elegidos para gestionar y defender los derechos de los ciudadanos dejen de mirar para otro lado y actúen. Las soluciones no pueden seguir postergándose mientras las familias continúan padeciendo las consecuencias de un problema que hace años espera una respuesta.
Gobernar no es inaugurar obras para la foto. Gobernar es resolver los problemas reales de la gente.
Porque cada lluvia vuelve a demostrar que, cuando el Estado no actúa a tiempo, quienes terminan pagando las consecuencias son siempre los mismos vecinos de Oberá.
Por Paola Wajtowichz
