La “Ficha Limpia a la misionera” no parece una búsqueda de transparencia. Parece una herramienta hecha a medida para disciplinar, filtrar y decidir quién puede competir políticamente y quién no. Y eso es gravísimo.
Porque resulta demasiado cínico que los mismos que en el Senado hicieron caer la Ficha Limpia nacional, hoy quieran venderse como los paladines de la ética pública en Misiones. Los mismos que guardaron silencio cuando había que votar una ley nacional contra la corrupción, ahora aparecen con un proyecto todavía más extremo, más ambiguo y más peligroso.
Acá ya no hablamos solo de delitos con condena firme. Acá quieren dejar afuera candidatos por multas de tránsito, por deudas discutidas con Rentas, por causas sin sentencia e incluso por criterios que quedarían librados a interpretación del Tribunal Electoral. O sea: menos justicia y más discrecionalidad política.
Y en una provincia donde hace décadas gobierna el mismo espacio, donde la Ley de Lemas ya deformó completamente la representación política, darle más poder al aparato para decidir quién participa y quién no, no suena a transparencia. Suena a control.
Cuando una norma puede usarse selectivamente contra opositores, deja de ser una herramienta ética y se convierte en un mecanismo de persecución elegante, maquillado de institucionalidad.
Además, el nivel de burocracia que plantea es absurdo. Certificados toxicológicos, fiscales, judiciales y administrativos para miles de candidatos municipales en una provincia donde con la Ley de Lemas explotan las listas. Parece más pensado para trabar candidaturas que para mejorar la política.
La verdadera ficha limpia debería empezar por otra parte: terminar con los pactos ocultos, con los silencios cómplices, con el uso del Estado como estructura partidaria y con un sistema político que hace décadas se recicla a sí mismo mientras habla de “renovación”.
Por Paola Wojtowichz
Ficha Limpia a la misionera: mecanismo de persecución elegante, maquillado de institucionalidad
