Viento de cola: La soja subió 86% y el Gobierno alcanzó la mayor recaudación por retenciones en 9 años

Los valores internacionales de la oleaginosa subieron 86% en un año. Alivio para las cuentas públicas, pero suma preocupación en el campo.
Hace un año, el 27 de abril de 2020, la paralización del comercio internacional por la pandemia de coronavirus derribó la cotización de la soja, que llegó a ubicarse por debajo de US$300 la tonelada por primera vez en décadas. Pero luego de ese bajón, los valores de esta oleaginosa -principal fuente de divisas para el país y de recaudación para el Estado- iniciaron una escalada que parece no tocar techo, al menos de momento.
Así en los últimos doce meses, la soja se disparó 86% o más de US$260 por tonelada en el mercado de Chicago. En la última rueda de operaciones, el viernes, llegó a rozar US$570 la tonelada y terminó en US$566, máximos en ocho años. La oleaginosa encabeza el pelotón al alza en los valores de las materias primas, con el maíz y el trigo (que en apenas una semana también se dispararon por encima de 20 dólares) en franco ascenso, que trae alivio por un lado, para las cuentas públicas sobre todo, pero que por el otro presionan sobre los valores de los alimentos por ser insumos clave en todo el mundo.
Es más, el Gobierno asegura que buena parte de la escalada inflacionaria de los últimos meses, que llegó al 13% en el primer trimestre y que parece lejos de desinflarse, está relacionada con el impulso alcista de las materias primas y apunta a “desacoplar los valores internacionales de la mesa de los argentinos”, algo que en el campo rechazan de plano.
En ese marco, la Casa Rosada reforzó los controles sobre las exportaciones del campo, apura acuerdos de precios esenciales con las principales alimentarias del país. Incluso la secretaría de Comercio Interior, Paula Español, salió a advertir que estaba en análisis un alza en los derechos de exportación que tributan la soja, el maíz y el trigo, entre otros productos, como mecanismos para contener la inflación. No obstante, desde la Casa Rosada descartan ese camino, al menos por ahora.
Del lado positivo, en los despachos oficiales ven al “viento de cola” externo como un aliado en momentos de restricción cambiaria y presupuestaria, con la necesidad de bajar el gasto en medio de la renegociación por la deuda de US$45.000 millones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero con la segunda ola de contagios de Covid-19 abriendo nuevas restricciones sanitarias que pegarán en la economía y ya forzaron a reforzar la asistencia social y a las empresas más afectadas.
En varias dependencias oficiales consideran que el ciclo de los precios altos para los commodities recién comienza y visualizan un mediano plazo positivo, con la demanda asiática a pleno y con China como punta de lanza. En ese contexto, ayudará al impulso de las exportaciones argentinas (el país es el principal comercializador de harina y aceite de soja, que puede dejar un récord exportador por US$6100 millones este año) y también a llevar calma al mercado cambiario, con ingresos de dólares frescos, que ya se evidenció en el primer tramo del año.
Sacar cuentas del trabajo agroindustrial
La disparada en los precios se produce en un contexto con alta demanda, principalmente de China, y problemas productivos en los principales productores: Brasil; EE.UU. y la Argentina. En ese sentido, se estima que la cosecha local -en pleno desarrollo- de soja estará lejos de los volúmenes históricos más abultados (casi 61 millones en el ciclo 2014/15). Se espera una producción de entre 43 millones de toneladas para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y 45 millones de toneladas, según la última estimación de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Si se cumplen estas estimaciones, el recorte se ubicará entre 4 y 6 millones de toneladas contra el año previo.
No obstante, la escalada de precios internacionales ayudará a compensar el recorte productivo. Como cálculo teórico y suponiendo que no se hubiera vendido ni un gramo de oleaginosa para esta altura del año (algo más que improbable), los 49 millones de toneladas equivalían a fines de abril de 2020 a US$14.700 millones, a los valores en los que cotizaba la soja en Chicago.
En la actualidad, las 43 o 45 millones de toneladas de producción argentina esperadas equivalen a US$24.300 millones o US$25.470 millones respectivamente. De esta forma, en un año, la cosecha sojera argentina se revalorizó en torno a US$10.000 millones.
La BCR calculó que el complejo agroindustrial exportará este año por casi US$34.000 millones, casi 42% más que el año previo. A la vez, le reportará ingresos extra al Fisco en concepto de derechos de exportación. o retenciones.
La entidad santafesina calcula que las retenciones del agro dejarán US$2800 millones más que en 2020 y totalizarán US$8600 millones. Se trata del mayor nivel en los últimos 9 años: en el ciclo 2011/12, año con récord de precios para las materias primas y retenciones sojeras en 35%, el Estado se hizo de US$8700 millones vía derechos de exportación sobre la agroindustria.
El trabajo de la BCR, además, pone de relieve que por estar gravado de una alícuota mayor, el complejo sojero será el responsable del 83% del total de las retenciones del sector que recaudará el Fisco este año, con más de US$7100 millones.
El campo, en alerta
Más allá del optimismo en los despachos oficiales, desde el sector productor se mantienen en alerta. Resaltan que por efecto de las retenciones, los valores internacionales altos no llegan a quien plantó, cuidó y cosechó la soja, o los otros cultivos. En ese marco, rechazan una eventual alza de esas alícuotas y cualquier otra herramienta de control del comercio.
Entienden que suman incertidumbre y generarán el efecto contrario al que expresa el Gobierno. Tal como informó TN.com.ar, la mesa de enlace de las cuatro entidades agropecuarias mantuvo un encuentro con el ministro de Agricultura, Luis Basterra, en el que le reclamaron “crear un marco de confianza” para que puedan llevar adelante ideas y acciones que beneficien a toda la sociedad. Al día siguiente, Español amenazó con la suba de retenciones y, dicen en el campo, dinamitó esos puentes.