Los internados en terapia intensiva con coronavirus tienen un promedio de 53 años y la mayoría necesita asistencia respiratoria

Los especialistas, médicos e infectólogos lo vienen avisando y un informe de la Sociedad Argentina de Terapias Intensivas (SATI) lo confirma: la mayoría de las camas del sistema de salud está ocupada por pacientes jóvenes con coronavirus, que tienen un alto requerimiento de asistencia respiratoria. En promedio, la edad de los internados es de 53 años.
Pero la baja edad de quienes requieren de las camas de las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) no es la única preocupación, también alerta que el 90% está ocupado y que la mitad corresponde a pacientes con otras patologías que no son coronavirus. Además de la sobrecarga de trabajo sobre médicos, kinesiólogos y enfermeros y la falta de algunos insumos, como sedantes.
Si bien el informe de la SATI corresponde a UTIs que participaron voluntariamente del relevamiento, es una foto de lo que sucede a nivel país, con epicentro en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que es donde más casos positivos se concentran y cuyo sistema está al límite de la saturación. De los 20.461 nuevos casos de coronavirus informados este lunes, 10.515 correspondieron a la provincia de Buenos Aires y 2296 a la Ciudad de Buenos Aires.
Fuentes del sector privado de la salud confirmaron que la segunda ola los alcanzó con tratamientos de patologías graves que no se habían atendido en 2020, como tumores graves o agresivos (que empezaron a aparecer por la falta de atención), ACV y cardiopatías, y que requieren de entre 15 días a un mes de internación antes de liberar esas camas.
Ocupación de camas
En el informe de la SATI, del total país de 163 UTIs que participaron del relevamiento, 84 corresponden al sistema público, es decir el 52%, y 79 al sector privado, el 48%. En total representan 3332 camas. De acuerdo con los datos obtenidos, la tasa de ocupación alcanza el 90%, pero solo el 48% corresponde a pacientes COVID-19.
Pero si se toman los datos del AMBA, de 65 UTIs relevadas (51% públicas y 49% privadas, con 1350 camas) la ocupación alcanza el 95%. De ese total, el 64% corresponde a pacientes COVID-19.
La baja edad de los internados, con ese promedio de 53 años, provoca tensión en las UTIs, por un lado, porque en el total país el 78% ya requiere de Asistencia Respiratoria Mecánica (ARM) y el 50% ventilación en posición prona (PP), es decir el suministro de soporte ventilatorio con el paciente acostado boca abajo. En el AMBA, el 81%, de ARM, y el 50%, de PP.
Por otro lado, que se trate de personas jóvenes significa que en su mayoría lograrán atravesar la enfermedad, pero a la vez demandará de más días de internación -según el sector privado ronda entre 30 a 40 días-, lo que provoca una escasa rotación de pacientes en un plazo acotado y, por consiguiente, menos capacidad de atender pacientes nuevos.
Durante el tiempo que una persona permanece internada necesita no sólo de los médicos intensivistas sino también de enfermeros que se ocupen de su tratamiento, de darle el sedante, el analgésico y el anestésico y que rote frecuentemente su cuerpo para que no se hagan yagas, por lo que se necesita más personal y, precisamente, lo que no sobra es personal.
Alertas y faltantes
Según la SATI, a partir del relevamiento que detectó una alta ocupación de camas con predominio de pacientes jóvenes graves portadores de la COVID-19, con un alto requerimiento de ARM y de PP, también se evidenció una sobrecarga de trabajo por parte del personal.
Esto es así porque la relación médico/paciente, que según la recomendación del Ministerio de Salud de la Nación debiera ser de uno por cada siete pacientes fuera de la pandemia, en Buenos Aires Sur (La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca) en el sector público alcanza a uno cada 14 y en el privado a uno cada ocho; mientras que en el sector privado de Santa Fe a uno cada 9,5. En el AMBA, tanto en uno como en otro sistema, se mantiene dentro de lo recomendado.
En el caso de los enfermeros, la relación recomendada es de uno cada dos pacientes, pero sólo se cumple en el sector público de la región Noroeste (Tucumán, Salta, Jujuy), de la Patagonia (Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego) y en la provincia de Santa Fe, y en el sector privado del AMBA. En el resto del país promedia uno por cada tres o cuatro pacientes y hasta cinco en el privado del Litoral (Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones).
En cuanto a los kinesiólogos, la recomendación es de uno cada ocho pacientes, pero en el sector privados de la región Centro (Córdoba, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero) alcanza a uno por cada 11, y en el público de Buenos Aires Sur (La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca) a uno cada diez. El resto ronda entre uno por cada seis a ocho pacientes.
“Tanto la sobrecarga de trabajo como el déficit de algunos de los insumos esenciales podrían impactar sobre la calidad de atención de estos pacientes críticos”, advirtió la SATI.
Los faltantes son otra de las luces de alarma encendidas en el sector. El 58% de las UTIs relevadas por la SATI advirtió un déficit de algún insumo o droga, siendo los más frecuentes: sedantes en el 41,7% (especialmente midazolam y propofol), anticoagulantes en el 17,7% (principalmente heparina de bajo peso molecular), y antibióticos en el 9,2%. En Brasil, la falta de sedantes provocó que los médicos se vieran obligados a intubar a los pacientes sin la sedación necesaria.