ECONOMÍA. Tras dos años de una recesión que -indican todos pronósticos públicos y privados- se profundizará a un nivel nunca visto fin de un 2020 por el impacto del coronavirus en el país y en el mundo, la economía se despertó en mayo por la flexibilización del aislamiento obligatorio ensayada ese mes frente a la paralización total de abril, período con la peor caída de la actividad en la historia.
El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) del Indec informó una significativa caída interanual en mayo de 20,6%, menor a la registrada el mes pasado pero más elevado que la previsión que tenían algunas consultoras del sector privado, y un rebote de su indicador mensual desestacionalizado de 10%. En el año, este anticipo del producto bruto acumula un retroceso de 13,2%.
La Comisión Económica para América Latina (Cepal) pronosticó para este año un retroceso de la economía de 10,5%, pese a que varios analistas creen que el derrumbe puede incluso superar el umbral de 15%. En 2002 se registró la baja de actividad (tras la crisis de 2001) más profunda en la historia del país: 10,9%. En abril pasado, el producto se había desplomado un -26,4% interanual, una variación nunca vista.
Todo los sectores de la economía, excepto la pesca, mostraron en mayo caídas interanuales, que llegaron hasta el pico de -74,3% de «Hoteles y restaurantes». Pero también se hundieron la «Construcción» (-62,2%) y «Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales Impuestos netos de subsidios» (-72,1%), que suele ser un reflejo del conjunto global de la economía. La industria retrocedió 25,7% y el comercio, 20,9%.
Ningún economista ve detrás de estos números un indicio de recuperación. Más bien argumentan que la economía reaccionó a la leve flexibilización dispuesta por el Gobierno tras la fortísima crisis de oferta generada por la falta de circulación. Detrás de este escenario queda todavía el interrogante acerca de lo que la pandemia -y las medidas para contenerla- generarán en la demanda agregada debido al mayor desempleo y la caída de los ingresos de la población a mediano plazo. A eso, en la Argentina, se suman la inflación y un posible default de la deuda pública.
Como si fuera poco, la caja del Estado mostró nuevamente hoy sus limitaciones camino a la recuperación (el gasto primario subió en junio pasado 73% interanual por las medidas oficiales para sostener empleos y empresas, mientras los ingresos subieron 7,8%), mientras el sector privado no sólo se ve afectado fuertemente (entre febrero y mayo el 3,9% de las empresas dejaron de enviar sus declaraciones juradas a AFIP) sino que no encuentra señales claras de parte del Gobierno sobre cuál será su rol en la reconstrucción de la economía.
