La «maquinita» de imprimir billetes ya emitió $1,052 billón en 6 meses, la mayor cifra en 30 años

ECONOMÍA. Los efectos de la pandemia y la cuarentena adoptada para enfrentarla son múltiples para nuestra economía. Una caída drástica en el nivel de actividad generó severos problemas a un país que atraviesa una crisis desde el año 2018. Las proyecciones que dispone el Banco Central (BCRA) mediante su relevamiento de expectativas de mercado (REM) indican que el PBI real para este año se contraerá un 9.5%. El parate en la actividad genera que amplios sectores pierdan completa o parcialmente sus ingresos.

Para enfrentar el avance de la pandemia, la administración de Fernández debió aumentar los gastos sanitarios. Y, para contrarrestar la crisis económica, el Gobierno ha ensayado algunos programas de ayuda estatal. El ATP que destina recursos estatales para pagar la mitad de los salarios privados, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y créditos a tasa subsidiada para pequeñas y medianas empresas, son las principales herramientas para contener la crisis.

Lógicamente, el dinero para financiar estos programas debe salir de algún lado. En este caso, el Gobierno recurrió a la emisión monetaria del Banco Central (BCRA). La impresión de billetes como fuente de financiamiento se dio por descarte. Las otras dos fuentes tradicionales se encontraban y encuentran agotadas: el Estado gasta más de lo que recauda con impuestos (déficit fiscal) y estamos en default, por lo que endeudarnos está fuera de la mesa.

Emisión

En este sentido, la maquinita de imprimir billetes del Banco Central está funcionando a niveles récord. En lo que va del año, la entidad dirigida por Miguel Pesce ya le giró al Tesoro $1,052 billón: $312.000 millones en concepto de Adelantos Transitorios (AT) y $740.000 millones por Transferencia de Utilidades. Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), “los $1.052.000 millones de asistencia directa del BCRA implican una emisión del 3,5% del PBI estimado para 2020, convirtiéndose en la mayor cifra de los últimos 30 años”. Vale aclarar que aún estamos en junio, por lo que esta cifra está lejos de ser definitiva para el año 2020.

Veamos otra forma de medir las dimensiones del problema: sólo durante el mes de mayo, la autoridad monetaria envió al Tesoro Nacional unos $430.000 millones bajo el rótulo de transferencia de utilidades. Esta cantidad es casi equivalente a la recaudación informada por la AFIP para el mismo período ($449.535 millones). Básicamente, el Estado se financió en mayo en partes iguales con sus ingresos corrientes (impuestos) y con la emisión monetaria.

Como mencionamos más arriba, el déficit fiscal sostenido previamente a la explosión del virus no deja margen para que el Gobierno utilice sus ingresos para intervenir activamente. Esta situación se agravó con la llegada del Covid-19. Según el IARAF, “a partir de marzo 2020, el aislamiento generó una rápida caída de la actividad económica que tuvo dos efectos clave sobre las finanzas públicas. En primer lugar, la necesidad de aumentar el gasto social y el gasto en salud para sostener a una gran porción de la población sin ingresos propios, y, en segundo lugar, una gran merma en la recaudación atada al nivel de actividad y dependiente del cobro de impuestos al consumo”.

El mundo

Pero los efectos del coronavirus fueron y son tan devastadores que todos los países del mundo tuvieron que recurrir a la expansión del gasto para contrarrestarlas. La consultora LCG realizó un informe en base a datos del FMI, donde reveló la inyección de recursos de los países: Italia encabeza el ranking con un 29,6% del PBI en aumento de gastos, luego Alemania con 27,9%, Japón 21,1%, Francia 19%, Reino Unido 18,8%, Estados Unidos 11,1%, España 11%. En América Latina, Brasil encabeza con un 8%, por su parte Chile expandió un 6,7%. Sin embargo, la inyección de gastos en términos relativos de Argentina llega al 4,9% del producto, muy por debajo del resto.

Esta expansión monetaria mundial resulta más impactante si se la toma en términos absolutos. Tomemos el caso de la primera potencia económica. El Congreso de los Estados Unidos aprobó un paquete de estímulo de u$s 2,3 billones, el más grande de su historia. El Departamento del Tesoro informó que tomará prestados u$s 3 billones sólo este trimestre, seis veces por encima del récord anterior.

Esto genera un aumento del dinero en circulación. Sin embargo, no estamos viendo un crecimiento generalizado en el nivel de precios. En Estados Unidos, los precios de mayo del 2020 subieron sólo un 0,1% en comparación al mismo mes del año anterior. Las bajas cifras también se replican en la región, donde Brasil registra una inflación del 1,9% interanual en mayo y la de Chile alcanza un 2,8%. En estos dos países vecinos, los precios cayeron con respecto a abril, un 0,38% en Brasil y un 0,05% en Chile.

Inflación

Estamos acostumbrados a escuchar repetidamente que la emisión genera inflación. Sin embargo, estamos viendo la tendencia contraria. Incluso en nuestro país, donde el aumento de precios viene cayendo mes a mes. En lo que va del año, la inflación se ubicó en 11,1%, un número sensiblemente bajo en comparación al año pasado.

¿A qué se debe este fenómeno? A que la actividad económica se encuentra total o parcialmente parada. Estados Unidos se pronunció oficialmente en recesión hace algunos días. Las cuarentenas implementadas en todo el mundo como política para frenar el avance del coronavirus generó un “shock de oferta”. Es decir, cese de producción y cierre de canales de ventas. Al mismo tiempo, la caída en el ingreso de la población produjo un “shock de demanda”, ya que mucha gente no tiene plata para gastar, y ahí es donde apunta la inyección monetaria. La caída en el nivel de transacciones en la economía desemboca en aumentos de precios decrecientes.

Argentina

En nuestro país, la contención de la inflación también se da por algunas medidas gubernamentales. Las políticas de Precios Cuidados, el establecimiento de precios máximos en algunos alimentos y las tarifas de servicios congeladas van en ese sentido. De hecho, durante el mes de mayo, el rubro Alimentos aumentó sólo un 0,7%, por debajo del índice general elaborado por el Indec, el cual cerró en 1,5%.

Otra particularidad nacional es bien conocida: el dólar. El aumento de precios en nuestro país está estrechamente ligado al valor de la divisa. Esto se debe a que la producción nacional es muy dependiente de insumos importados. Por eso, las variaciones al alza del dólar oficial repercuten casi directamente en inflación. Cabe señalar que debemos mirar el valor oficial de la divisa porque este es el utilizado para comprar los insumos del exterior. De acá se explica lo ocurrido en los últimos meses, donde subas importantes en las cotizaciones paralelas del billete verde no tuvieron correlato en los precios.

Expectativas

Del análisis precedente se desprende una pregunta inevitable: ¿Vamos a ver un aumento en la inflación en el futuro? Volver a la comparación internacional puede ayudarnos. Vimos como todos los países tomaron políticas similares a la nuestra (y en mayores dimensiones) y con resultados similares en términos de precios. Sin embargo, las expectativas sobre lo que pueda ocurrir una vez que las economías se “normalicen” y salgan de las cuarentenas son diferentes.

En términos teóricos, los defensores acérrimos del axioma “la emisión genera inflación” señalan que existe un “lag” entre el aumento de los agregados monetarios y su traslado en alza de precios. De esta forma, calculan que existe un retardo de 6 a 12 meses en el traspaso de inyección monetaria a inflación.





// Filo News