BUENOS AIRES. El gobierno de Argentina reconoció que no puede pagar su deuda en las actuales condiciones. Aplaza de forma compulsiva el pago a corto plazo y pide renegociar los vencimientos hasta 2023. Sin quita de capital ni intereses. Expectativa en los mercados.
Mientras la crisis económica avanza (inflación, desempleo, pobreza y bajo nivel de actividad) al mismo ritmo de la incertidumbre política (debe esperar hasta el 27 de octubre para las elecciones generales), la Argentina reconoció este miércoles que no puede pagar su deuda externa en las condiciones en que está planteada.
El gobierno de Mauricio Macri quiere más tiempo para pagar los préstamos a medida que la agitación electoral genera aún más estragos en una economía muy dañada.
En una conferencia de prensa, el flamante ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, el tercero en tres años y medio, dijo que la reprogramación de las deudas de Argentina debería proporcionarle al gobierno un alivio vital para asegurar el reembolso.
En total, según el Financial Times, el Estado argentino busca renegociar los vencimientos de US$ 101 mil millones: US$ 7 mil millones corresponden a letras de corto plazo (a quienes aplazará la devolución de forma obligatoria -excepto a los tomadores que sean ‘personas físicas’-); unos US$ 20 mil millones son bonos bajo ley local; otros US$ 30 mil millones corresponden a bonos bajo ley extranjera (en ambos casos serán aplazamientos voluntarios); y US$ 44 mil millones son parte del préstamo que el FMI ya le hizo al país entre 2018 y 2019, sobre un total de US$ 57 mil millones.
En caída
La crisis en Argentina viene desde hace largos años, el final del gobierno de Cristina Fernández no fue bueno, con una inflación creciente (25%), déficit fiscal y una economía emparchada con subsidios en muchos sectores, especialmente transporte y energía.
Todo se agravó luego con la llegada del empresario Mauricio Macri, en diciembre de 2015, quien precedido con una imagen de gran gestor prometió bajar la inflación (hoy arriba del 50% anual), la pobreza (ya abarca al 35% de la población), reinsertar al país en el mundo (no llegaron las inversiones previstas) y reactivar la economía (toda la industria trabajo muy por debajo de su capacidad).
Sólo el agro mantuvo “con vida” al país durante un tiempo, pero la liberación total de la economía lo volvió tan vulnerable a los vaivenes internacionales que en 2018, tras una brusca devaluación de más del 50% del peso, el gobierno debió recurrir al FMI, organismo que le aseguró un préstamo por US$ 57 mil millones.
Sin embargo, aunque hubo expectativa de un 2019 mejor, la crisis continuó y todo desembocó (como era previsible) en una dura derrota electoral en las primarias de agosto pasado, donde Macri, que busca su reelección, obtuvo 15
Mientras la crisis económica avanza (inflación, desempleo, pobreza y bajo nivel de actividad) al mismo ritmo de la incertidumbre política (debe esperar hasta el 27 de octubre para las elecciones generales), la Argentina reconoció este miércoles que no puede pagar su deuda externa en las condiciones en que está planteada.
El gobierno de Mauricio Macri quiere más tiempo para pagar los préstamos a medida que la agitación electoral genera aún más estragos en una economía muy dañada.
En una conferencia de prensa, el flamante ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, el tercero en tres años y medio, dijo que la reprogramación de las deudas de Argentina debería proporcionarle al gobierno un alivio vital para asegurar el reembolso.
En total, según el Financial Times, el Estado argentino busca renegociar los vencimientos de US$ 101 mil millones: US$ 7 mil millones corresponden a letras de corto plazo (a quienes aplazará la devolución de forma obligatoria -excepto a los tomadores que sean ‘personas físicas’-); unos US$ 20 mil millones son bonos bajo ley local; otros US$ 30 mil millones corresponden a bonos bajo ley extranjera (en ambos casos serán aplazamientos voluntarios); y US$ 44 mil millones son parte del préstamo que el FMI ya le hizo al país entre 2018 y 2019, sobre un total de US$ 57 mil millones.
En caída
La crisis en Argentina viene desde hace largos años, el final del gobierno de Cristina Fernández no fue bueno, con una inflación creciente (25%), déficit fiscal y una economía emparchada con subsidios en muchos sectores, especialmente transporte y energía.
Todo se agravó luego con la llegada del empresario Mauricio Macri, en diciembre de 2015, quien precedido con una imagen de gran gestor prometió bajar la inflación (hoy arriba del 50% anual), la pobreza (ya abarca al 35% de la población), reinsertar al país en el mundo (no llegaron las inversiones previstas) y reactivar la economía (toda la industria trabajo muy por debajo de su capacidad).
Sólo el agro mantuvo “con vida” al país durante un tiempo, pero la liberación total de la economía lo volvió tan vulnerable a los vaivenes internacionales que en 2018, tras una brusca devaluación de más del 50% del peso, el gobierno debió recurrir al FMI, organismo que le aseguró un préstamo por US$ 57 mil millones.
Sin embargo, aunque hubo expectativa de un 2019 mejor, la crisis continuó y todo desembocó (como era previsible) en una dura derrota electoral en las primarias de agosto pasado, donde Macri, que busca su reelección, obtuvo 15
