CAMPO VIERA. Ayer falleció, a los 57 años, don Julio César González, el papá de Silvia Andrea González, quien fue brutalmente violada y asesinada en Campo Viera, zona centro de la provincia de Misiones, en octubre de 2001, cuando tenía solo 15 años.
En el proceso judicial se comprobó que estuvo directamente involucrado en el crimen Hugo Dante “Willy” Ríos, el hijo del intendente de Campo Viera, Juan Carlos Ríos, quien gobierna el pueblo desde hace veintidós años.
En una entrevista que le hice en 2014, Julio expresó que “la justicia es lenta pero algún día saldrá”. Agregó: “esperamos que paguen los delincuentes que nos hicieron esa maldad, porque esos merecen pagar su condena para siempre en la cárcel”.
Faltaban pocas semanas para el inicio de lo que fue el segundo juicio oral y público por el caso Silvia Andrea. En ese proceso el tribunal sentenció a Willy Ríos a 18 años de prisión, por los delitos de privación ilegítima de la libertad y abuso sexual con acceso carnal agravado.
Pero Willy fue liberado tan solo 18 días después, por un recurso extraordinario. El alcalde de Campo Viera festejó el regreso de su hijo con bombas de estruendo, fuegos artificiales y una caravana.
Desde entonces la causa se encuentra en Casación y Willy permanece en libertad.
Es muy triste ver cómo los familiares directos de las víctimas de este tipo de hechos, ocurridos en Misiones desde el año 2000 en adelante, denunciados públicamente como “crímenes del poder”, se van muriendo, sin alcanzar a ver la justicia, y en muchos casos sin llegar a saber qué ocurrió con sus seres queridos.
En 2016 falleció Antonio Golemba, padre de Mario Golemba, el joven de Picada Indumar que desapareció en 2008. Tres testigos, que se encontraban detenidos en la comisaría de Dos de Mayo cuando ocurrió la desaparición, afirmaron que vieron al muchacho ingresar esposado, que fue salvajemente golpeado y luego retirado en un patrullero. Don Antonio quería un careo entre los internos y los guardias de esa noche. Lo pidió cientos de veces durante siete años. No se lo otorgaron. Murió con la angustia insoportable de haber perdido a un hijo, de no saber qué le pasó, y no haber recibido respuesta de la justicia “de los hombres”, como decía desde su convicción espiritual, de que existe una justicia divina, que sí es justa.
El año pasado murió Juana “Ticha” Bárbaro, hermana de Marilyn Bárbaro, asesinada en 2004 en la ciudad de Oberá. En este hecho se hallaron evidencias que comprometieron seriamente a Matías Ortíz, hijo de Marlene Carballo, quien en ese momento ocupaba una banca como diputada provincial por la fuerza gobernante en Misiones desde 2003, el Frente Renovador de la Concordia. Ticha esperó trece años el juicio oral y público, que todavía no se desarrolló.
Don Julio González era de poco hablar. Doña “Lola”, Bertolina Maciel, su esposa, la mamá de Silvia Andrea, fue quien más intervino públicamente desde el primer momento, en reclamo de justicia y contra la impunidad de los “hijos del poder”.
Dicen que todo ese silencio, ese dolor, esa rabia no digerida de tantos años, fue enfermando a don Julio. Hace algunos meses comenzó a sentir un dolor fuerte en la zona abdominal. Le diagnosticaron cáncer de estómago.
Aguantó seis meses.
Pensaba por estas horas, con las emociones del 24 de marzo todavía en el cuerpo, que el dolor de estas familias es comparable al de quienes perdieron seres queridos durante el terrorismo de estado. Y creo que tiene sentido, porque son también deudas de la democracia, continuidades de la última dictadura-cívico-militar. Lo que habitualmente señalamos como violaciones a los Derechos Humanos «del presente», que habrá que seguir denunciando, recordando, con la misma fuerza con que pedimos memoria, verdad y justicia por los delitos de Lesa Humanidad.
Por Sebastián Korol

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