OBERA. «La corrupción mata» no es solo un cliché contemporáneo en una sociedad que la naturaliza y se la toma con soda. Es literal y sobran ejemplos en Argentina: los muertos en la Estación Once, los de Cromañon, etc.
Días atrás, como es costumbre en el interior misionero, el más postergado en cuanto a servicios e infraestructura (y lo seguirá siendo si la sociedad convalida en las urnas al mismo gobierno una y otra vez); la energía eléctrica en el área de concesión de la CELO, CELA y CAUL se volvió un prende y apaga como el programa de Sergio Lapegüe.
En uno de estos frecuentes cortes prolongados de varias horas (precisamente el del día miércoles 1), en los centros de salud habían personas dependiendo de aparatos eléctricos.
En una clínica de Avenida José Ingenieros, en ese momento, un equipo de cirujanos estaba en el quirófano operando a una mujer. El sanatorio posee un grupo electrógeno pero este no arrancó y debieron continuar alumbrando con linternas. La mujer estaba conectada a un equipo de oxigeno.
«Mientras tanto lo que hizo el anestesista fue ventilarla (darle oxigeno) con bolsa de ambú» relataron a INFOBER.
Un ambú también conocido como resucitador-manual o bolsa-autoinflable, es un dispositivo manual para proporcionar ventilación con presión positiva para aquellos pacientes que no respiran o que no lo hacen adecuadamente.
El generador de emergencia no arrancaba y los encargados de mantenimiento recién pudieron hacerlo funcionar casi al final de la cirugía que, por el esfuerzo de los médicos, salió bien. No se trataba de una cirugía de alto riesgo, pero ¿y si lo hubiera sido?
Desde EMSA explicaron lo de siempre, debido a la suba en la demanda por el calor (aún es primavera) la vieja línea 132 colapsó. Al día siguiente fue por el viento (ramas sobre la línea 132 en zona de monte sin mantenimiento); luego la tormenta (ramas) etc. La deficitaria empresa del Estado bajo la órbita de Carlos Rovira desde 1999, pierde alrededor de 500 millones de pesos por año (balances 2014/2015); tienen 6 veces más personal que el promedio nacional (acomodados, ñoquis, etc); factura solo el 60 % de la energía que compra al sistema interconectado nacional (el 40 % restante nadie sabe a donde va); y la nueva línea 132 kw para proveer de energía constante y estable para la Zona Centro, hace dos años y medio fue licitada pero avanzó poco. Esa misma podría haberse hecho (se llama previsión) diez años en vez de la Cruz de Santa Ana y otras obras menos prioritarias, pero la cuestión era el curro.
