Después de tantos años, las opciones son prácticamente las mismas

Por Paola Wojtowichz

El escenario político de Misiones rumbo a 2027 empieza a mostrar señales de desgaste, reacomodamiento y, sobre todo, repetición. Lo llamativo no es solo la anticipación con la que se están moviendo las piezas, sino la falta de renovación real en algunos espacios que, paradójicamente, hacen de ese concepto su principal bandera discursiva.
La llamada Renovación —el oficialismo que ha gobernado la provincia durante más de dos décadas— enfrenta un dilema cada vez más evidente: sostener el poder sin lograr generar figuras nuevas con peso propio. Los nombres que circulan no son sorpresa para nadie: Hugo Passalacqua, Oscar Herrera Ahuad, Leonardo Stelatto y el más “nuevo” en la lista, Lucas Romero Spinelli. Sin embargo, incluso esta supuesta novedad aparece atada a la misma estructura de siempre, lo que deja entrever que el recambio es más estético que real.
La insistencia en estas figuras no es casual: responde a una lógica de control político donde el poder no se arriesga. Pero también expone una debilidad estructural: la falta de cuadros emergentes con legitimidad social propia. ¿Qué mensaje se le da al electorado cuando, después de tantos años, las opciones siguen siendo prácticamente las mismas? ¿Se gobierna para sostener un proyecto o para perpetuar nombres?
En paralelo, comienzan a tomar forma otros espacios que buscan capitalizar ese desgaste. Por un lado, aparece un bloque empresarial que intenta meterse de lleno en la discusión política. Referentes como Rodolfo Scherer o el entorno de la diputada Maura Gruber empiezan a construir volumen desde lo productivo, con eventos como “Misiones Productivas”. Este sector intenta instalar una narrativa de eficiencia, gestión y cercanía con el sector privado, en contraposición a un Estado que muchos perciben como pesado o poco transparente.
Por otro lado, La Libertad Avanza avanza con una estrategia clara: territorializarse. La incorporación de concejales de distintos partidos mediante cargos en organismos nacionales no es solo una jugada pragmática, sino también una señal de cómo se construye poder en la nueva política: con recursos, estructura y oportunismo. El sello de Javier Milei empieza a tener peso propio incluso en provincias donde históricamente no tenía inserción fuerte.
Mientras tanto, sectores como el Partido Agrario y Social y la Unión Cívica Radical, con figuras como Ariel Pianesi, intentan construir una “tercera vía”. La consigna “ni Renovación ni Milei” suena atractiva en lo discursivo, pero enfrenta el desafío histórico de este tipo de espacios: consolidar liderazgo, volumen político y, sobre todo, identidad clara. Sin eso, corren el riesgo de quedar diluidos entre dos polos que polarizan cada vez más.
En ese tablero también aparece Ramón Amarilla, moviéndose con cautela, dialogando con distintos sectores y manteniendo una ambigüedad estratégica que puede ser virtud o debilidad, dependiendo de cómo evolucione el escenario.
Lo que queda claro es que Misiones se encamina a una elección donde el eje no será solo quién gana, sino qué modelo se impone: continuidad con caras repetidas, irrupción libertaria con lógica nacional, o una alternativa que logre romper esa dicotomía.
Pero hay una pregunta de fondo que atraviesa todo: ¿puede un proyecto político sostenerse indefinidamente reciclando nombres sin perder legitimidad? Porque más allá de las estructuras, los recursos y las estrategias, hay algo que no se puede fabricar: la confianza genuina de una sociedad que empieza a exigir algo más que los mismos de siempre con distinto discurso.
Y quizás ahí esté el verdadero desafío de 2027: no solo competir, sino convencer.