El 55% de fantasía: la encuesta que maquilla una Misiones en crisis

Por Paola Wajtowichz

Que una encuesta ubique a Hugo Passalacqua como el gobernador con mejor imagen del país no solo llama la atención: expone una desconexión profunda entre los números y la realidad que viven miles de misioneros todos los días.
Porque mientras los porcentajes sonríen en los informes de consultoras como CB Global Data, en las calles de Misiones la escena es otra: policías reclamando condiciones dignas, incluso con protestas extremas como encadenamientos para ser escuchados; docentes sosteniendo conflictos salariales constantes, con ingresos que no alcanzan y escuelas con serias falencias edilicias; productores yerbateros y tabacaleros asfixiados por precios que no cubren costos; y una infraestructura vial que parece detenida en el tiempo, con rutas deterioradas y obras prometidas que nunca se terminan.
Pero vayamos a los números, a esos que no salen en las encuestas de imagen:
En Misiones, el salario docente básico ha estado históricamente por debajo de la línea de pobreza. Según datos de gremios provinciales, un docente inicial apenas logra cubrir una parte de la canasta básica, que a nivel nacional supera ampliamente el millón de pesos. Es decir, quienes educan a las futuras generaciones están obligados a tener dos o hasta tres cargos para sobrevivir.
En materia de seguridad, los reclamos policiales no son nuevos ni aislados. Vienen repitiéndose con conflictos visibles desde al menos 2012, con picos como los de 2024 donde hubo acampes, protestas prolongadas y medidas extremas para exigir recomposición salarial. No es estabilidad: es conflicto contenido.
En el sector productivo, la situación es igual de crítica. El precio oficial de la hoja verde de yerba mate ha sido reiteradamente cuestionado por los productores, quienes denuncian que no cubre los costos de producción. Mientras tanto, la rentabilidad se concentra en los eslabones más altos de la cadena. Lo mismo ocurre con el tabaco, donde pequeños productores dependen de condiciones cada vez más desfavorables.
Y si hablamos de infraestructura, la evidencia es visible a simple vista: rutas provinciales con mantenimiento deficiente, obras que se anuncian una y otra vez sin avances concretos y puentes que llevan años en ejecución. No hace falta un informe técnico: alcanza con recorrer la provincia.
¿De qué “mejor imagen” estamos hablando cuando hay sectores enteros que viven en estado de conflicto permanente? ¿Qué mide realmente esa aprobación? Porque si medir es solo capturar una percepción superficial, entonces estas encuestas terminan funcionando más como herramientas de relato que como reflejo genuino de la realidad.
El caso de los trabajadores estatales es particularmente grave: no se trata de reclamos aislados, sino de conflictos estructurales que se repiten año tras año. Paritarias que corren siempre detrás de la inflación, salarios que pierden poder adquisitivo y un Estado que parece más preocupado por sostener una imagen que por resolver problemas de fondo.
Lo mismo ocurre con la educación, donde el deterioro no es solo salarial, sino también institucional. Escuelas con problemas edilicios, falta de recursos y docentes agotados que sostienen el sistema con esfuerzo propio.
Y en el interior productivo, el abandono se siente con más crudeza: yerbateros y tabacaleros que sostienen la economía regional pero siguen siendo los últimos en la cadena. Son el motor económico, pero viven como si fueran descartables.
A esto se suma una presión fiscal provincial que muchos sectores consideran asfixiantes, con impuestos como Ingresos Brutos impactando en toda la cadena productiva y comercial, encareciendo costos y reduciendo competitividad.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿estas encuestas están midiendo la realidad o construyendo una narrativa funcional al poder?
Porque una cosa es la imagen y otra muy distinta es la vida real. Y hoy, en Misiones, hay demasiados indicadores concretos —sociales, económicos y estructurales— que contradicen ese supuesto liderazgo en aprobación.
Más que un logro, ese 55% parece un síntoma: el de una provincia donde el relato va por un lado y la realidad, cada vez más, por otro.
Y cuando la brecha entre relato y realidad se agranda tanto, ya no estamos frente a un buen gobierno: estamos frente a una puesta en escena que empieza a hacer ruido. Y mucho.