Por Paola Wojtowichz
El video del vicegobernador Lucas Romero Spinelli no es otra cosa que una puesta en escena cuidadosamente calculada. Suena bien, claro que sí. Indigna, interpela, parece distinto. Pero cuando bajamos del video a la vida real de Misiones, el relato se desarma solo.
Porque hablar de “no bancarse el blablablá” desde el corazón mismo del poder después de años de gestión es, como mínimo, incómodo. ¿Recién ahora se dio cuenta de que hay funcionarios que no responden? ¿Recién ahora le molesta la burocracia? ¿Recién ahora descubre que la gente necesita soluciones concretas?
En Misiones hay docentes que vienen reclamando salarios dignos desde hace años, con paros, marchas y acampes. Hay productores yerbateros que han tenido que salir a la ruta porque no les cierran los números, mientras los discursos oficiales hablan de “acompañamiento”. Hay empleados públicos que cobran sueldos que no alcanzan, municipios con servicios básicos deteriorados y barrios donde la presencia del Estado aparece más en campaña que en la vida cotidiana.
Y en todo ese tiempo, ¿dónde estaba esa rebeldía que hoy muestra? ¿Dónde estaba ese enojo contra el “esto es así”? Porque la realidad es que ese “esto es así” fue, justamente, la forma en que se gobernó durante años.
Decir que “no responde mensajes es una falta de respeto” es correcto. Pero más falta de respeto es que haya misioneros que tienen que insistir, reclamar, exponerse públicamente para que alguien los escuche. Más falta de respeto es que muchas veces la única respuesta llegue cuando el conflicto escala o cuando hay cámaras de por medio.
Y acá es donde el discurso empieza a oler a oportunismo. Porque no es casual el momento. No es casual el tono. No es casual la necesidad de mostrarse distinto cuando el escenario político empieza a reordenarse de cara al 2027. De repente aparece un funcionario que se despega de “la política tradicional”… pero que es parte central de ese mismo esquema desde hace años.
La verdadera transformación no se graba en un video ni se sube a redes. Se construye con decisiones incómodas, enfrentando intereses reales, dando respuestas cuando no conviene, no cuando suma políticamente.
Porque la verdad es más simple y más incómoda: no es valentía, es timing político. Cuando había que plantarse de verdad, el silencio fue la regla; ahora, cuando el 2027 asoma en el horizonte, aparece el personaje confrontativo.
En Misiones ya conocemos este libreto. Primero gestionan sin incomodar a nadie, sosteniendo lo que dicen criticar; después, cuando hace falta renovar la cara, se disfrazan de outsiders dentro del propio poder.
Si realmente le molestara tanto el “blablablá”, lo habría combatido desde el primer día, no ahora que conviene. Porque decir “las pelotas” en un video puede sonar rebelde… pero si no viene acompañado de hechos concretos, es apenas otra forma —más ruidosa— de lo mismo.
Porque al final, el problema no es lo que dice, sino cuándo lo dice. La bronca selectiva no transforma nada, solo expone cálculo político. Los misioneros no necesitan funcionarios que descubran la realidad en un video: necesitan dirigentes que la enfrenten todos los días, incluso cuando no hay elecciones cerca.
Si de verdad quiere diferenciarse, que lo demuestre en los hechos, no en el tono. Porque en Misiones ya estamos cansados de los que hablan fuerte… pero gobiernan igual que siempre
Puesta en escena: ¿Recién ahora descubre que la gente necesita soluciones concretas?
