¿Por qué Misiones no cuenta con un fondo de contingencia?

Así lo planteó y analizó el diputado nacional libertario Diego Hartfield sobre las arcas públicas de la provincia renovadora, frente a la caída de la coparticipación.

CUANDO NO LLEGAMOS A FIN DE MES:

En los últimos días el Gobierno de Misiones tuvo que pedir a Nación un adelanto de coparticipación y evaluar correr el calendario de pago de sueldos del 1 al 5 de cada mes. Más allá de la discusión política, el episodio deja una pregunta financiera de fondo: ¿por qué una provincia que durante años habló de superávit fiscal no cuenta con un fondo de contingencia que le permita atravesar momentos de tensión?

Es cierto que la coparticipación atraviesa una leve desaceleración. Si se anualizan los últimos doce meses, las transferencias automáticas a las provincias muestran una caída real cercana al 3% respecto del año anterior, según datos del IARAF. No es un dato menor, pero tampoco se trata de un derrumbe de ingresos. El total de las transferencias automáticas en 2025 fueron superior a la inflación si se compara con el 2024.

Sin embargo, aun con esa caída, el problema que aparece hoy es claramente de liquidez. De hecho, la provincia decidió pedir un adelanto de coparticipación por 94.000 millones de pesos, que deberá devolverse en siete cuotas mensuales (según explicó el ministro de economía a PlanB), comenzando el mismo mes en que se reciben los fondos, con una tasa de interés del 15%. Para dimensionar el monto, equivale aproximadamente a un tercio de la recaudación mensual total de la provincia. Es decir, no se trata de un ingreso nuevo, sino de adelantar recursos futuros para cubrir necesidades del presente.

Y justamente ahí aparece el punto central. Un Estado ordenado no se define sólo por cerrar un año con superávit. Se define por su capacidad de acumular reservas cuando los recursos crecen para poder enfrentar momentos en los que el flujo se desacelera.

Después de las grandes crisis financieras del mundo —2001 y 2008— la mayoría de los agentes económicos incorporó una lección básica: el verdadero riesgo no es sólo perder dinero, el verdadero riesgo es quedarse sin liquidez. Por eso las grandes empresas del mundo mantienen posiciones significativas en activos líquidos. No es dinero ocioso; es un seguro financiero.

En Misiones, en cambio, durante muchos años se priorizó otra lógica. Se puso el foco en el flujo mensual de recursos y en la expansión del gasto público, pero no en la construcción de un fondo anticíclico que permitiera amortiguar shocks. Sobre todo teniendo en cuenta la enorme cantidad de familias que dependen del sueldo estatal.

Pero este comportamiento tampoco fue exclusivo del Estado. Como agente financiero me cansé durante años de recomendarles a empresas clientes que mantuvieran parte de su capital en activos financieros líquidos, como hacen prácticamente todos los agentes económicos del mundo. Sin embargo, en un contexto de inflación alta y dinero circulando constantemente, muchos terminaron creyendo que ese revoleo permanente de plata era la normalidad. La ambición por acumular stock, ampliar estructura en galpones o invertir en activos físicos llevó a subestimar algo básico en finanzas: la importancia de tener liquidez.

El problema, además, es estructural. En los últimos veinte años la provincia prácticamente no logró aumentar su capacidad exportadora. Mientras las exportaciones per cápita de Argentina casi se duplicaron y las de Paraguay se triplicaron, Misiones se mantuvo prácticamente estancada. Es decir, la economía provincial no logró generar nuevos motores de crecimiento hacia afuera.

A esto se suma otro dato preocupante: en todo este tiempo tampoco se crearon nuevas empresas grandes en la provincia. Por el contrario, varias empresas decidieron radicarse o expandirse en provincias vecinas, como Corrientes, en parte por la presión fiscal y por mecanismos como los cobros adelantados de Ingresos Brutos.

Cuando el sistema tributario se vuelve demasiado pesado e imprevisible, la inversión simplemente busca otros lugares. Todavía no logramos saber cuánta es la deuda que tiene la Agencia Tributaria con contribuyentes de todo el país por este sistema macabro de retenciones anticipadas.

Esto dejó a la provincia cada vez más dependiente del mercado interno, del gasto público y del movimiento de dinero dentro del propio sistema económico provincial. Cuando ese flujo se desacelera, todo el esquema se vuelve mucho más frágil y lógicamente los más perjudicados son los sectores más vulnerables.
También es fácil, frente a cada dificultad, caer en la tentación de explicar todos los problemas reclamando más recursos. Pero Argentina ya recorrió ese camino durante décadas: más gasto financiado con presión sobre el sector productivo o con emisión. El resultado fue una economía crónicamente inflacionaria que terminó empobreciendo a millones de familias y dejando a casi el 60% de los niños por debajo de la línea de pobreza.

Pero más allá de la discusión del pasado y presente tenemos que pensar el futuro. El mundo está entrando en una nueva etapa tecnológica marcada por el avance de la inteligencia artificial. Y esa transformación tiene una consecuencia muy clara: el mundo va a demandar cada vez más energía y alimentos.

Ahí aparece una enorme oportunidad para regiones como la nuestra. Pero para aprovecharla necesitamos generar condiciones para la inversión, producir más energía, integrarnos al mundo y diversificar nuestra matriz productiva.

La discusión de fondo, entonces, no debería ser sólo cómo atravesar esta coyuntura, sino cómo construir una economía provincial más sólida, más competitiva y menos dependiente del gasto público.

Porque en finanzas —y también en el desarrollo económico— hay una regla simple: cuando llegan las vacas flacas, sólo resisten quienes supieron prepararse durante las vacas gordas.