Se trata de Luis Santiago López, ingeniero de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), oriundo de Oberá, y que fue parte del equipo que trabajó en la integración final del satélite argentino Atenea, una de las cargas secundarias de la misión Artemis II, el primer vuelo lunar tripulado en 54 años y el primero que cuenta con una mujer y un afroamericano entre sus protagonistas. Esta iniciativa, de diez días de duración, tiene previsto realizar un recorrido completo entre la Tierra y la Luna y, aunque no tiene previsto aterrizar en ella, se enfrenta al reto de poner a prueba todas las tecnologías que algún día servirán para desplegar una base permanente en el suelo lunar. .
“Fuimos al Centro Espacial Kennedy para hacer las pruebas finales, integrar el satélite al dispensador y luego al cohete. Es un sueño”, relató López. “Es un sueño. Uno siempre imagina estar en estos lugares, pero no pensás que va a pasar tan pronto”, contó el ingeniero obereño.
El lanzamiento está previsto para las 19:24 de este miércoles, desde el Kennedy Space Center, en Cabo Cañaveral, Florida.
En la arquitectura colosal de Artemis II -con la nave Orión en la punta de un cohete de casi 100 metros- viajan también pequeñas piezas de alta tecnología. Una de ellas es Atenea.
Un CubeSat de apenas 30 centímetros que condensa años de trabajo argentino. “Es un satélite chico, pero el desafío es enorme: vamos a estar a 70.000 kilómetros y tenemos que poder comunicarnos desde ahí”, detalló López.
Ese dato no es menor: será el objeto argentino que más lejos haya llegado en la historia.
Atenea no irá hasta la Luna. Será liberado antes, en una órbita extremadamente alta. Pero su misión es clave:
Medir radiación en los cinturones de Van Allen
Probar posicionamiento GPS desde fuera de la constelación
Validar comunicaciones en espacio profundo
“Vamos a pasar por todos los cinturones de radiación. La idea es medir cómo impacta eso a lo largo de la órbita”, explicó el ingeniero misionero.
Y agregó un desafío técnico que abre puertas al futuro: “Vamos a estar por encima de los satélites GPS. Obtener señal desde ahí es algo que todavía no se sabe bien cómo se comporta”.
Para entender la importancia de esta misión, hay que dimensionar bien lo que está a punto de ocurrir. La Tierra tiene un escudo invisible que nos protege de la radiación del sol y del espacio: la magnetosfera. Ningún astronauta ha salido de ahí desde el programa Apollo, hace más de cincuenta años.
Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y al canadiense Jeremy Hansen van a cruzarla, alejarse más de 400.000 kilómetros de casa, rodear la Luna y volver. Son los primeros humanos en hacer algo así desde la generación que vio el Apollo en blanco y negro por la televisión. Artemis II no tiene alunizaje, pero sin ella no hay Artemis III, que es la misión en la que alguien vuelve a pisar la Luna.
