La crisis de Fate también impacata en empresas vinculadas a su cadena de abastecimiento, entre ellas Tex Fabric S.A., con planta en la ciudad de Luján, dedicada a la producción de tejidos industriales técnicos utilizados en procesos vinculados al PVC y al caucho.
Según medios locales, la firma ya desvinculó al menos a cinco trabajadores. En el ámbito local crece la inquietud ante versiones que indican que el recorte podría profundizarse hacia fines de febrero. La eventual paralización o reducción de actividad en una empresa de gran escala como Fate afecta a su plantilla directa. Pero también impacta de lleno sobre talleres, transportistas, proveedores de insumos y servicios asociados. En economías regionales con fuerte dependencia industrial, cualquier ajuste en la producción puede traducirse rápidamente en caída de pedidos y reducción de personal en firmas satélite.
Por el momento, las negociaciones en el marco de la conciliación obligatoria continúan abiertas, pero la incertidumbre se expande. Empresarios y trabajadores de la cadena de valor observan con cautela el desenlace del conflicto, conscientes de que una definición negativa podría multiplicar las consecuencias laborales en distintos puntos del entramado industrial.
