¿LLA de Misiones ya perdió?



Aunque recién transcurre febrero de 2026, el escenario político misionero muestra movimientos acelerados que reflejan algo más profundo que simples decisiones administrativas. El resultado de las últimas elecciones encendió una alarma en el oficialismo provincial, que ahora intenta reconfigurarse frente a un electorado que comenzó a mostrar desgaste con el discurso tradicional.

El Frente Renovador de la Concordia parece haber tomado nota del cambio en el humor social y empezó a mostrar señales de adaptación a la nueva dinámica política nacional. El primer gesto concreto apareció en el Consejo General de Educación, donde más de 600 cargos políticos fueron dados de baja, obligando a docentes a regresar a las aulas y marcando un mensaje alineado con el reclamo social de achicar el aparato estatal.

Sin embargo, versiones y rumores que circulan hablan de «cuantiosos» cargos políticos que podrían quedar desafectados en los próximos meses. De concretarse, implicaría una transformación estructural del Estado provincial y un fuerte reordenamiento interno.

En ese escenario surge la pregunta que da título a este análisis: ¿ya perdió La Libertad Avanza en Misiones? La duda aparece incluso dentro del propio ámbito político provincial. La figura de Adrián Núñez no logra consolidar un liderazgo territorial firme, y tanto propios como extraños coinciden en que el caudal electoral del espacio respondió principalmente al arrastre de la imagen nacional de Javier Milei más que a una construcción política local sólida.

Esa dependencia representa un desafío clave: transformar votos en estructura real. Sin referentes con peso propio ni desarrollo territorial consolidado, cualquier resultado electoral puede quedar sostenido por un fenómeno coyuntural.

A esto se suma una percepción que comienza a generar ruido interno. Algunos dirigentes sostienen que, pese al discurso libertario, la organización política del espacio mantiene prácticas más cercanas al peronismo tradicional que a una lógica libertaria pura, lo que podría erosionar su principal diferencial político.

El interrogante de fondo ya no pasa solo por quién logra adaptarse al nuevo escenario nacional, sino por quién consigue construir credibilidad en un electorado cada vez más volátil y exigente.

Por Daniel Orloff