En las chacras misioneras hay cansancio, bronca y miedo a perder lo único que muchas familias tienen desde hace generaciones que es el cultivo de la yerba mate. La asamblea yerbatera de Campo Viera dejó un mensaje al gobierno nacional: «no se va a cosechar, pero tampoco se va a vender la tierra».
El productor de la zona centro, Hugo Sand, manfiestó sobre el precio de la yerba: «nosotros veníamos trabajando bien y el presidente Javier Milei destruyó nuestra casa».
Desde este lunes comenzó un tiempo de descuento clave para el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). El directorio y su presidente, Rodrigo Correa, tienen 14 días hábiles para responder a las demandas firmadas por unanimidad por productores, asociaciones y cooperativas: precio justo para la hoja verde y restitución de las funciones plenas del Instituto. Pero en el sector ya nadie espera sentado.
“No es negocio trabajar para perder”, manifestó Marcelo Hacklander, productor y exintegrante del INYM, agregando que “las expectativas hoy están más puestas en el paro de cosecha que en una solución desde alguna autoridad”.
“Con la familia resolvimos no hacer ni siquiera la limpieza del yerbal. A los valores actuales no tiene sentido. Pero tampoco vamos a vender la chacra, que es a lo que nos quieren empujar con esta realidad económica, por inacción de terceros”.
Para Salvador María Torres, secretario general del Movimiento Agrario de Misiones (MAM), lo ocurrido en Campo Viera marca un nuevo capítulo:“Con esta asamblea se dio inicio a la tercera temporada de lucha desde que los libertarios llegaron al Gobierno nacional”.
Torres recordó que en una primera etapa lograron evitar la desaparición del INYM, pero advirtió que el problema de fondo sigue intacto:
“Ahora necesitamos que le devuelvan sus funciones para poder volver a discutir un precio justo. El problema es que sabemos que a las autoridades nacionales no les interesa la familia productora”.
La falta de respuestas, aseguran, no solo profundiza la crisis social en las chacras, sino que rompe el equilibrio de toda la cadena yerbatera, afectando también a secaderos y pymes locales.
Asamblea con respaldo, pero sin respuestas
Desde Jardín América, el productor Jorge Lizzniens valoró la masividad y diversidad de la asamblea:
“Fue positiva porque estuvieron asociaciones, cooperativas, Fedecoop y muchos productores”.
Sin embargo, dejó una crítica que resonó fuerte entre los presentes:
“Los representantes del sector dentro del directorio del INYM solo fueron a dar la cara. Propuestas concretas no llevaron ninguna”.
Aun así, Lizzniens expresó una última expectativa:
“Ojalá el presidente del INYM se dé cuenta de que esto no da para más y empiece a cumplir su rol, para que el sistema vuelva a equilibrarse y el productor tenga un precio justo”.
El trasfondo del conflicto es económico, pero sus consecuencias son humanas. Con el desmantelamiento progresivo del INYM, los productores perdieron una herramienta clave: la posibilidad de fijar un valor de referencia para la hoja verde y la yerba canchada.
Torres sostuvo que el kilo de hoja verde no debería valer menos de $500, más del doble de lo que muchos están cobrando, y encima con pagos diferidos de hasta 90 días.
Hacklander recordó que, según los propios costos calculados por el INYM, el valor debería rondar los $436 por kilo puesto en secadero, lo que históricamente representa entre el 10 y el 15% del precio del paquete en góndola.
“Siempre pedimos lo que marca el costo del Instituto”, insistió Lizzniens, quien advirtió que el INYM sigue calculando esos costos, pero ya no los publica oficialmente.
