Resulta llamativo —y preocupante— que frente a una crisis histórica del sector yerbatero, la discusión vuelva a girar alrededor de quién estuvo y quién no estuvo en una reunión, en lugar de qué propuestas concretas hay sobre la mesa para miles de familias que hoy no llegan a cubrir costos.
La ausencia de legisladores libertarios puede ser cuestionable, sí. Pero reducir el debate a eso es pobre políticamente y estéril socialmente. La yerba mate no se salva con pases de factura ni con declaraciones altisonantes para la tribuna. Se salva con medidas claras, decisiones valientes y responsabilidad institucional.
Si el impacto de la desregulación nacional es tan grave como se señala —y lo es—, entonces la prioridad debería ser explicar qué se va a hacer, cómo se va a proteger al pequeño productor y qué rol real va a cumplir la provincia más allá del discurso. Señalar ausencias no reemplaza políticas públicas.
La gente del interior, los tareferos y los pequeños yerbateros no comen relatos. Esperan soluciones. Y la política misionera, en su conjunto, debería estar a la altura del momento: menos chicanas, menos marketing y más seriedad.
Porque mientras los dirigentes discuten quién faltó a la foto, el productor sigue cobrando precios de miseria y el problema sigue intacto.
Pónganse serios, muchachos. La crisis no espera.
Por Paola Wojtowichz
