LA “CUSTOMIZACIÓN” DE OBERÁ 



     La palabra “customizar” es un anglicismo que se refiere a modificar un producto, servicio o contenido para ajustarlo a los gustos personales de alguien. “Customizar” es hacer algo “a medida”. Durante un cuarto de siglo Carlos Rovira se enfocó en lograr que la política, la justicia, la prensa, las inquietudes de las nuevas generaciones, las iglesias, el establishment y la economía  cotidiana hagan sistema en sincronía para que todo marche según sus gustos. Y lo logró. Por derivación, el alcalde Pablo Hassan disfruta de eso en Oberá.

     Donald Trump quiere customizar el mundo para que todo vaya según sus preferencias. Vladimir Putin y Xi Jinping pretenden lo mismo.

     En la Argentina Gildo Insfrán lo logró en Formosa. Y Fernando Espinoza en La Matanza.

     En Oberá la oposición se reduce a pocos dirigentes que ya no tienen votos y por eso cuando pegan ya no duele. Y a pocos dirigentes que sí son votados pero que pegan donde no duele.

     La sociedad que se expresa en las redes sociales, como si hubieran salido de “El mundo del revés” de María Elena Walsh, critica más al terceto de concejales opositores y a los defensores del pueblo por preguntar lo que corresponde preguntar, que al intendente por no responder lo que corresponde responder.

    En abril Claudia Braga Urrutia asumirá la defensoría de Hassan. Porque la Defensoría del Pueblo, concebida como un espacio independiente del oficialismo, volverá a ponerse en pausa por cuatro años, como en la época de Patricia Nittmann y Carlos Fernández.

     Hasta se torna vergonzoso decirles “periodistas” a una caterva de publicistas del gobierno que se arrastran por la miserable pauta oficial. Y, encima, se fue “Pepe” Tarditti.

     Los líderes de las iglesias cristianas están demasiado ocupados en combatir los pecados de los gobiernos nacionales como para mirar, aunque sea de reojo, los pecados locales.

    Las críticas de la sociedad que no se resigna no pasan de un inocuo desahogo en algunos medios tradicionales o en las redes sociales. Y esa gente no tiene líderes.

     Hassan hace lo que le ordenan del parque paraguayo y no encuentra resistencia. Es más, casi que de eso no se habla. Todo es tan patético que en Oberá hay gente más preocupada por lo que hará Trump con el petróleo en Venezuela que por lo que hace la CELO con la luz y el agua.

     Dicen que Paul Simon, aquél cantante yanqui del dúo “Simon and Garfunkel”, dijo alguna vez: “Hoy no tengo nada que hacer. Solo sonreir”.

      Con la customización de Oberá, Hassan puede decir lo mismo cada mañana en su oficina.

    No tiene nada que hacer. Solo sonreir.

-Walter Anestiades
-Imagen: Superlatio-Murcia