Misiones busca financiamiento para rutas nacionales, pero el mayor déficit sigue estando en la red provincial

La decisión del Gobierno de Misiones de recurrir a un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para financiar obras en rutas nacionales abrió un debate inevitable: ¿hasta qué punto la Provincia debe asumir con fondos propios tareas que corresponden a la Nación o a concesionarios privados? Si bien la caída de la inversión nacional es un hecho, el panorama vial misionero es más complejo de lo que sugiere el discurso oficial.

Un crédito para obras que no son provinciales

Misiones gestiona un préstamo de más de 40 mil millones del BID para ejecutar trabajos de rehabilitación, demarcación, seguridad vial y terceras trochas, principalmente sobre la Ruta Nacional 14. Son intervenciones que, por definición, corresponden al Estado nacional o a las concesiones, pero que la Provincia busca encarar ante la paralización de obras y la reducción del mantenimiento federal.

El argumento central es que la Nación dejó de atender corredores clave como las rutas nacionales 12 y 14, mientras la circulación crece año a año. Sin embargo, esa afirmación convive con otra realidad: la Ruta Nacional 14 (en gran parte de su extensión) presenta un estado considerablemente mejor que varias rutas provinciales.

RN 14: entre las críticas políticas y el estado real

Contrario a lo que sugieren algunas declaraciones oficiales, la RN 14 muestra en Misiones obras constantes, tramos con cartelería nueva, banquinas limpias y condiciones que, aunque perfectibles, están lejos del abandono. De hecho, en los últimos dos años se realizaron ampliaciones, correcciones de curvas, obras de iluminación en zonas urbanas y renovación de señalización vertical.

Eso no quita que existan tramos deteriorados o sectores donde la demarcación se perdió, sobre todo en zonas de alta humedad. Pero la comparación es inevitable: rutas provinciales como la RP7 continúan esperando un puente nuevo desde hace años, y otros corredores provinciales muestran baches crónicos, falta de señalización o tramos directamente intransitables en días de lluvia.

El elefante en la sala: las rutas provinciales

Mientras la Provincia señala el abandono nacional, la red vial bajo su propia órbita exhibe un deterioro acelerado.

– Caminos terrados vitales para la producción siguen sin mejoras.
– Rutas provinciales clave presentan banquinas descalzadas, curvas sin señalización y calzada fatigada.
– Obras prometidas, como el puente sobre la RP7, llevan años de espera.

La discusión pública se polarizó hacia la Nación, pero el mayor déficit estructural está dentro de la propia jurisdicción provincial.

Radares: un problema emergente

A esto se suma otro factor que genera malestar en automovilistas: la proliferación de radares con señalización insuficiente o nula. En teoría deberían mejorar la seguridad, pero en la práctica terminan percibiéndose como mecanismos recaudatorios, sobre todo en rutas donde la señalización vertical básica aún no está resuelta.

Más tránsito, más riesgo… pero por errores humanos

Tanto en rutas nacionales como provinciales, el tránsito crece impulsado por una economía más dinámica: transporte de cargas, turismo, comercios y actividades productivas. Esa mayor circulación explica parte de la preocupación provincial por el mantenimiento, pero también deja en evidencia otro punto esencial:

El 99% de los siniestros viales en Misiones se relacionan con impericia, distracción o imprudencia humana, no con fallas de infraestructura.

Velocidad excesiva, sobrepasos indebidos, conducción bajo efectos del alcohol, motociclistas sin casco y peatones imprudentes conforman el núcleo duro de la siniestralidad.

En ese contexto, mejorar rutas es importante, pero cambiar conductas salva muchas más vidas que una repavimentación.

Un debate necesario

La decisión de endeudar a Misiones para cubrir obras de responsabilidad nacional es comprensible desde la urgencia, pero también abre interrogantes:

– ¿Quién se hará cargo del mantenimiento futuro?
– ¿Por qué la Provincia asume obras federales mientras su propia red vial muestra déficits graves?
– ¿Cuánto aporta realmente la infraestructura a la siniestralidad frente al factor humano?
– ¿Qué rol cumplen los radares si no existe señalización adecuada y una estrategia integral de seguridad vial?

El financiamiento del BID puede mejorar corredores clave, pero la discusión de fondo debe incluir toda la red vial misionera, no sólo la parte que permite señalar al Gobierno nacional.

Por Daniel Orloff