El gobernador Hugo Passalacqua acaba de recibir $4.000 millones del Fondo de Aportes del Tesoro Nacional (ATN). Una suma nada despreciable, sobre todo si recordamos que este fondo se reparte a dedo desde la Casa Rosada y que no existe ningún criterio claro de “emergencia” que justifique por qué unas provincias cobran y otras no.
La jugada no sorprende: la Renovación de Carlos Rovira viene garantizando votos a favor de Milei en el Congreso. ¿Premio por obediencia? Huele bastante a eso.
Pero la pregunta clave es: ¿ahora sí Misiones va a ver obras reales con esa plata?
¿Se terminarán las escuelas que están en ruinas?
¿Se equiparán los hospitales que funcionan al límite?
¿Llegará por fin el alivio a los docentes y estatales que siguen cobrando sueldos de miseria?
Porque si no es para eso, entonces queda claro que estos $4.000 millones son solo otra inyección para sostener la caja de la Renovación, esa que sirve para propaganda, favores políticos y campañas.
Mientras tanto, Passalacqua posa de gestor eficiente y Rovira sonríe desde la sombra. La pregunta que todos deberíamos hacernos es: ¿cuántas veces más vamos a dejar que usen la plata de los argentinos para alimentar un régimen provincial que hace 20 años vive de pedir, llorar y acomodarse con el poder de turno?
Y ahí entra la gran contradicción. Hace poco Oscar Herrera Ahuad decía:
“Yo no tengo ni un pelo, ni un minuto de libertario. Hasta acá llegaron. Me duele muchísimo la crueldad de esta gente, son crueles. Y les habla este, un discapacitado más. La crueldad con la que estamos viviendo en estos días nos tiene que movilizar a todos”.
Entonces la pregunta incómoda es inevitable: si Milei es tan cruel como decía Ahuad, por qué ahora que mandó $4.000 millones no vemos a ese mismo exgobernador levantar la voz para que esos fondos se destinen a los pensionados, a los discapacitados y a los sectores más vulnerables que él decía defender?
Porque al final, la verdadera emergencia no está en las cuentas de la provincia, sino en los bolsillos vacíos de los misioneros. Y si esos $4.000 millones terminan otra vez en la caja negra de la Renovación, quedará claro que lo único que construyen son fortunas personales y un poder que se sostiene a fuerza de clientelismo.
La pregunta es simple: ¿van a invertir en Misiones o se la van a embolsar?
Por Paola Wojtowichz
