El verdadero trasfondo de la derrota en Buenos Aires

Por Daniel Orloff

Todos saben que simpatizo con la forma de gobernar de Javier Milei. Sus principios liberales son los mismos que adopté hace más de una década, cuando comprendí lo que realmente significa el liberalismo y las consecuencias que genera en una comunidad a mediano y largo plazo.
Siempre pensé que un liberal difícilmente podría ganar elecciones, ya que sus fundamentos chocan con casi todo lo establecido o con lo que imponen las grandes corporaciones globales. Además, la mayoría de los liberales solían ser demasiado correctos, incluso soberbios y aburridos, incapaces de despertar pasiones como lo hacía la izquierda con su discurso cargado de ideales fantásticos, emociones y promesas de igualdad. Promesas que, en la realidad, terminan estrellándose porque “no todos somos iguales, ni hacemos lo mismo con lo mismo”.
Milei, en cambio, rompió el truco del mago. Con un estilo enérgico, representó a una sociedad harta del “Estado presente”, de la inflación asfixiante y de la burocracia que desalienta la inversión. Supo encarnar el fastidio de una ciudadanía tratada como menor de edad, obligada a entregar el fruto de su esfuerzo.
Desde que asumió, el mundo volvió a mirar a la Argentina. Construyó una narrativa nueva que contagió entusiasmo en cada rincón del planeta. Y lo más sorprendente: cumplió lo que prometió, algo impensado en la política argentina. Sin estructura, sin mayoría en el Congreso, logró sostener el timón en plena tormenta.
Pero dentro del barco crecieron los intentos de motín. La ambición de poder y las disputas internas derivaron en traiciones. Milei apartó a quienes intentaban fagocitarlo, pero nunca los reemplazó. El resultado fue una estructura cada vez más chica para La Libertad Avanza.


Buenos Aires: una derrota dura
Las elecciones bonaerenses fueron un golpe fuerte. Milei confió en su estrategia digital y evitó las prácticas de movilización del peronismo, en línea con sus principios. El costo: una derrota por 13 puntos.
El mercado lo sintió de inmediato: rojo en las acciones, riesgo país por encima de los mil puntos básicos y dólar en alza. Para los inversores, este no era el mensaje esperado. Esperan en estas elecciones las señales clave de continuidad para apostar a largo plazo en el país.


¿Por qué perdió Milei?
Los análisis superficiales atribuyen la caída a los audios de Spagnolo, la polémica con las pensiones por discapacidad o los primeros escándalos de corrupción, si fuera por eso nadie jamás votaría a un peronista. La raíz del problema está un año antes: septiembre de 2024, cuando Milei presentó oficialmente su partido.
La Libertad Avanza nació del esfuerzo genuino de miles de militantes que jamás habían participado en política. Jóvenes y ciudadanos comunes que caminaron las calles y convencieron a otros con un discurso arrollador en lo ideológico. Pero pronto llegó la intervención de Karina Milei y los Menem. Las candidaturas se repartieron a dedo, muchas veces a figuras de la vieja política. El desencanto no tardó en llegar: militantes defraudados regresaron a sus casas y empresarios que habían apoyado en silencio dejaron de aportar.


Milei confió en su hermana y en los Menem para la organización. Se dedicó a gobernar, mientras ellos armaban una estructura que terminó replicando lo peor de la política tradicional. Y cuando incorporó a “arrepentidos” de otros partidos, en lugar de exigirles resultados antes de darles espacio, los colocó directamente en bancas. Algunos de ellos lo traicionaron de inmediato, armando bloques propios.


¿Realmente perdió Milei?
Si se miran los números fríos, el peronismo obtuvo en 2025 el mismo resultado que en 2023. Con toda su maquinaria, recursos y alianzas, apenas repitió la performance. En cambio, La Libertad Avanza, en alianza con el PRO, aumentó su representación legislativa.
En términos institucionales, el panorama no es tan negro: el kirchnerismo no logró crecer, mientras que Milei, pese a la derrota, sumó presencia legislativa en Buenos Aires.


En resumen
Milei se equivocó en su “batalla cultural”. Su hermana y los Menem, lejos de fortalecer el movimiento, reprodujeron los vicios de la vieja política, lo que generó contradicciones y desconfianza en el electorado. Esa fractura interna le pasó factura.
El peronismo, con todos sus recursos, apenas retuvo lo que ya tenía: el núcleo duro del kirchnerismo. La verdadera incógnita está en el resto del país: ¿continuará en octubre el castigo por la mala estructura de La Libertad Avanza o se repetirá el triunfo arrollador de 2023, pero con mayor fuerza?