No siempre los mejores momentos que vive un país, ya sea en lo económico o social, obedecen a la acción o las políticas del gobierno de turno. Muchas veces las condiciones y circunstancias externas que favorecen al comercio internacional crean el marco adecuado para el crecimiento económico y desarrollo social de una nación, (siempre y cuando las mismas sean aprovechadas convenientemente, por supuesto).
Para ello es menester contar con administraciones sanas, serias, responsables y con visión de futuro, virtudes estas muy difíciles de encontrar en la historia de nuestro país, incluyendo el pasado más reciente.
“El granero del mundo”, un concepto esgrimido y sostenido- aún hoy día-por los sectores liberales y conservadores, fue una realidad de la que todavía hoy quedan vestigios comprobables, sobre todo en la media cultural, que aún subsiste a pesar de los embates de la “contra cultura”. Una jerarquía educacional y cultural que colocó a la Argentina en un sitial de privilegio en América latina a fi nes del siglo XIX y principios del siglo XX. Argentina fue uno de los países más
deseados en el mundo entero. Solo así se explica la llegada de miles y miles de inmigrantes que venían a estas tierras a “hacerse la América”.
En tanto, de los vestigios materiales, tenemos innumerables pruebas: el impresionante desarrollo de la arquitectura urbana, con colosales edificios públicos y privados, las estaciones de ferrocarril, el subterráneo; las universidades; los miles y miles de kilómetros de vías férreas en las áreas urbanas y suburbanas de Buenos Aires y de otras
provincias, llegando a casi todas partes con el consiguiente desarrollo de pueblos fl orecientes. Respecto al ferrocarril debemos reconocer la importancia fundamental que éste tuvo para el crecimiento de la economía nacional. La primera línea fue inaugurada en 1857 y ya en los primeros años del siglo veinte la red ferroviaria argentina era una de las más grandes del mundo, con casi 35000 kilómetros. Actualmente sigue siendo la más extensa de Latinoamérica, con 47000 kilómetros
El ferrocarril contribuyó enormemente con la agilización de las importaciones agropecuarias, que impactaron directamente en la conformación de Argentina como una tierra de promisión y futuro.
En cuanto al subterráneo, podemos decir que fue el primero de América latina. La primera línea se construyó en 1913 y se extendió rápidamente en las primeras décadas del siglo veinte. Luego tuvo un período de estancamiento y con su privatización en la década del noventa, comenzó un nuevo período de expansión con la construcción de nuevas líneas.
En definitiva, Argentina fue alguna vez lo que hoy ya no es. Ni hablar del ingreso per cápita, comparable y superior al de muchos países europeos. Si bien es cierto que hubo sectores marginados, los mismos no encajaban de ninguna manera en ese esquema de pobreza estructural que actualmente existe en nuestro país. Eran pobres con cultura del trabajo y deseos de superarse. Incluso podemos citar una amalgama de leyes sociales que son anteriores al advenimiento del peronismo: El descanso dominical (gobierno de Roca en 1905), ley de protección del trabajo mujeres y niños (gobierno de Figueroa Alcorta -1907), ley de accidentes de trabajo (Gob. de Roque Sáenz Peña -1915), reglamentación del trabajo a domicilio (Gob. De Victorino De la Plaza -1918), primera ley de jubilaciones (Gob. De Marcelo T. de Alvear -1924), jornada laboral de 8 horas (Gob. de Hipólito Yrigoyen -1929) y vacaciones pagas (Gob. de facto de Uriburu -1933). Por supuesto que todas estas leyes no estaban consolidadas del todo y llevaría un proceso en el cual estarían manifestados los intereses en pugna y la evolución social para que éstos se produzcan y sin duda que en ese trabajo de consolidación tuvo mucho que ver también la tarea de Juan Domingo Perón en sus dos primeros gobiernos.

Libro: “ARGENTINA, LA PATRIA POPULISTA”, capítulo 2
Por Nicolás Eugenio Aguilar
