El docente universitario Sergio Katogui expresó recientemente lo que muchos dentro de la comunidad académica sienten: la necesidad de aferrarse a alguna promesa política en tiempos de crisis. En su discurso insistió en “creer en Herrera”, en referencia al exgobernador y actual diputado provincial Oscar Herrera Ahuad, hoy en campaña para una banca en el Congreso.
La frase refleja la esperanza de quienes trabajan y estudian en la universidad pública, conscientes de que sin financiamiento no hay futuro posible. Sin embargo, la realidad muestra una verdad incómoda: la universidad en Argentina nunca fue sostenida por la buena voluntad de los gobiernos, sino por la resistencia activa de sus comunidades.
Docentes que continúan enseñando con salarios muy por debajo de la línea de pobreza, investigadores que producen conocimiento a pesar de la falta de fondos, y estudiantes que defienden becas y comedores mediante movilizaciones, son los que verdaderamente han garantizado la continuidad del sistema.
Un presupuesto congelado desde 2023
El financiamiento universitario permanece congelado desde diciembre de 2023. Esto significa que las universidades nacionales funcionan con un presupuesto que no contempla inflación, ni incrementos salariales, ni el aumento exponencial de los costos básicos. Laboratorios, bibliotecas, proyectos de extensión y becas estudiantiles se encuentran en riesgo de paralización.
A esto se suma que las paritarias docentes permanecen estancadas desde octubre de 2023, dejando a miles de trabajadores en situación de vulnerabilidad económica. En universidades del NEA y del NOA ya se advirtió sobre la posibilidad de reducción de actividades y suspensión de servicios si no hay una actualización presupuestaria urgente.
La contradicción política
En este contexto, resulta llamativo que dirigentes políticos que no estuvieron presentes a la hora de votar la ley de financiamiento universitario hoy prometan “estar al lado de la universidad cueste lo que cueste”. La sospecha de oportunismo electoral se refuerza con la experiencia: las mismas frases suelen repetirse en cada campaña, pero rara vez se traducen en políticas sostenidas.
En Misiones, la falta de coherencia se percibe con mayor fuerza porque el sistema educativo provincial atraviesa una situación crítica. Según datos del Operativo Aprender 2022, una amplia mayoría de estudiantes misioneros muestra dificultades en comprensión lectora y resolución de problemas matemáticos. A esto se suma la precariedad edilicia de muchas escuelas, la falta de conectividad en zonas rurales y la escasa inversión en capacitación docente continua.
En ese escenario, la universidad pública aparece como uno de los últimos espacios de movilidad social. Pero sin un financiamiento serio y sostenido corre el riesgo de transformarse en un privilegio al que accedan solo quienes puedan costearlo.
Salud y deudas pendientes
El debate sobre prioridades se vuelve aún más complejo al considerar otras deudas estructurales de la provincia. Misiones mantiene obligaciones millonarias con el Hospital Garrahan, donde son derivados cientos de niños que no encuentran atención adecuada en el sistema sanitario local. A esto se suman los problemas financieros del Instituto de Previsión Social (IPS), que impactan directamente en jubilados, trabajadores y sus familias.
En este marco, surgen interrogantes legítimos: si no se garantiza lo básico en salud, ¿qué garantías reales existen de que se priorizará el financiamiento de la universidad pública más allá de los discursos electorales?
Una política de Estado, no de campaña
La universidad pública no necesita ser utilizada como bandera electoral. Requiere presupuesto, autonomía y respeto. Precisa de políticas que aseguren continuidad a la investigación científica, dignidad salarial para sus trabajadores, y sobre todo, la igualdad de oportunidades para que los jóvenes, sin importar su origen social, puedan estudiar y desarrollarse.
“Comprendo la esperanza de Katogui y la comparto en cuanto al deseo de que alguien realmente defienda a la universidad”, reflexionan desde el claustro docente. “Pero la historia reciente obliga a desconfiar: las promesas nacen en campaña y mueren en el ejercicio del poder”.
La universidad pública en Misiones y en todo el país no puede depender de la fe en un candidato, sino de una política de Estado sostenida y defendida por la sociedad en su conjunto.
Por Paola Wojtwichz
