Dicen que ahora apoyan al Garrahan y a las universidades como si nos estuvieran haciendo un favor. Como si fuera un regalo que debemos agradecerles. Y no: es su deber, es su trabajo, es para lo que fueron votados y cobran un sueldo del Estado. Pero claro, estamos a dos meses de las elecciones y de repente aparecen solidarios, sensibles, preocupados por la educación y la salud.
Cuando hubo que dar la cara para votar Ficha Limpia, se escondieron. No les tembló el pulso para ausentarse. Cuando había que defender el presupuesto universitario en Diputados, no estuvieron. Y lo mismo pasó con la emergencia pediátrica: el propio pediatra obereño Carlos Fernández, ex intendente y hoy diputado nacional, prefirió ausentarse antes que incomodar al poder al que responde. Justo él, que debería ser el primero en entender lo que significa un hospital como el Garrahan para miles de familias misioneras. La coherencia brilla por su ausencia.
Hoy el Frente Renovador anuncia con bombos y platillos que sus senadores van a acompañar la Ley de Emergencia del Garrahan y el Fondo Universitario (FUN). Y lo venden como un gesto de compromiso con la gente. Incluso publican en su portal que “Misiones siempre está presente, construyendo soluciones”. Pero la realidad es que no estuvieron presentes cuando más se los necesitaba. Cuando la votación en Diputados era clave, eligieron borrarse. ¿Y ahora qué hacen? Se sacan fotos en hospitales, se reúnen con rectores y decanos, y prometen lo que antes no quisieron acompañar.
No confundamos oportunismo con compromiso. Lo que hace el rovirismo es pura campaña. Esos “gestos” de apoyo llegan justo cuando Herrera Ahuad, candidato a diputado nacional, recorre la UNAM y los hospitales como si fuera el salvador de la salud y la educación pública. Pero en su gestión como gobernador, la universidad misionera estuvo subfinanciada, los docentes siguieron reclamando por condiciones laborales dignas, y la salud pública se sostuvo gracias al sacrificio de profesionales que trabajan con sueldos bajos y recursos mínimos.
Lo mismo pasa en el Congreso: cuando se trata de leyes que incomodan al poder político o que exigen transparencia (como Ficha Limpia), miran para otro lado. Cuando se trata de apoyar causas nobles y de impacto social real, como la educación superior o la salud infantil, especulan, se ausentan o esperan el momento electoral para aparecer como héroes de cartón.
No olvidemos: la Renovación gobierna hace más de veinte años en Misiones. Si la educación y la salud están como están, es también responsabilidad suya. Hoy intentan instalar la idea de que son defensores de la universidad pública y del Garrahan, pero el pueblo misionero no debería comerse ese cuento. No se trata de discursos bonitos ni de campañas de marketing político: se trata de hechos. Y los hechos dicen que cuando hubo que votar, no lo hicieron.
Que quede claro: apoyar al Garrahan y a las universidades no es un favor, no es un gesto caritativo ni un regalo. Es una obligación de quienes juraron legislar en favor del pueblo. Lo demás es circo electoral, humo en tiempos de campaña, maquillaje para tapar la ausencia y la falta de coherencia.
Por Paola Wojtowichz
