El candidato que legisla a gusto de Rovira y los alfajores

Por Paola Wojtowichz.

La candidatura de Oscar Herrera Ahuad al Congreso Nacional es un insulto a la inteligencia de los misioneros. Su paso por la Legislatura provincial deja en claro que, lejos de ser un hombre de proyectos transformadores, es apenas un firmador serial de beneplácitos y declaraciones de interés. En dos años sumó 56 proyectos de “interés” y un único proyecto de ley.

¿Esto es lo que se espera de alguien que cobra un sueldo millonario pagado con el esfuerzo de los ciudadanos?


El problema no es solo la escasa producción legislativa real, sino el trasfondo político: Herrera no fue nunca un hombre de decisiones propias, sino un engranaje obediente de la maquinaria de Carlos Rovira. Como gobernador ya había demostrado lo mismo: una gestión anodina, sin obras estructurales de impacto, con hospitales sin insumos, escuelas cayéndose a pedazos y miles de jóvenes emigrando por falta de oportunidades. Gobernó con piloto automático, cuidando la caja de la Renovación, pero jamás generando políticas públicas que cambiaran la vida de la gente.
Hoy pretende dar el salto al Congreso de la Nación con el mismo prontuario de inacción, llevando como “mérito” haber declarado de interés a un alfajor o haber aplaudido aniversarios y festivales. Esto no es legislar: es maquillar la falta de propuestas con gestos vacíos que no transforman nada. Los diputados están para debatir leyes que enfrenten la pobreza, que protejan la producción local, que fortalezcan la educación y la salud. Herrera en cambio se limitó a ser un claque político, un levanta manos de Rovira, un gestor de reconocimientos simbólicos que en nada modifican la realidad.
Si así trabajó como gobernador y como legislador provincial, ¿qué se puede esperar de él en el Congreso Nacional? Solo más obediencia partidaria y menos representación para los misioneros. La Renovación recicla nombres, pero la lógica es siempre la misma: funcionarios de cartón pintado, sin autonomía, que se acomodan a los intereses del conductor antes que a las necesidades del pueblo.
La candidatura de Herrera debería ser una advertencia: en Misiones seguimos premiando a los que no hicieron nada, mientras las urgencias sociales siguen multiplicándose.