La Renovación: críticos de día, socios de noche



El presidente de la Legislatura misionera y candidato a diputado nacional por el Frente Renovador, Oscar Herrera Ahuad, volvió a recurrir a una estrategia ya clásica del oficialismo provincial: pararse frente al pueblo como defensor de los intereses de Misiones mientras, en el Congreso y en la práctica política diaria, su espacio vota y sostiene las mismas medidas que públicamente cuestiona.

El discurso de Herrera en el Mercado Central, donde enumeró los recortes del gobierno de Javier Milei —en salud, obra pública, transporte y subsidios—, podría sonar convincente para quien no sigue de cerca la política. Sin embargo, detrás de esas palabras se esconde una contradicción evidente: la Renovación acompaña en el Congreso las leyes libertarias que profundizan esos mismos ajustes.

No es la primera vez que el oficialismo provincial despliega este doble juego. Carlos Rovira y su armado político saben cómo mover las fichas: en Misiones se presentan como “víctimas del centralismo porteño” y como defensores de los intereses provinciales; en Nación, acuerdan, negocian y garantizan la gobernabilidad de un proyecto que aplica con crudeza la motosierra.

El problema de fondo es que el enojo social no se calma con discursos vacíos ni con la construcción de enemigos cómodos. Señalar al gobierno nacional como el único culpable de la crisis es un atajo político que esquiva responsabilidades: la Renovación gobierna Misiones hace más de veinte años y, en ese tiempo, el atraso en infraestructura, salud y salarios docentes no es consecuencia exclusiva de “recortes externos”, sino de decisiones locales.

Herrera dice entender el enojo de la gente, pero la pregunta inevitable es: ¿por qué entonces levantan la mano en el Congreso para aprobar lo que después critican en los mercados, en los actos y frente a las cámaras?

La política provincial se enfrenta a una crisis de credibilidad. El juego de hablar de un lado y hacer del otro, tarde o temprano, queda expuesto. El pueblo misionero ya no necesita discursos paternalistas, sino coherencia y decisiones que realmente defiendan sus intereses. Porque el enojo, efectivamente, no se soluciona con motosierra, pero tampoco con hipocresía.

Por Paola Wojtowichz