El crucero que volvió de Misiones y quedó encallado en Zárate

En 2002, el crucero «Ciudad de Paraná» con capacidad para 400 pasajeros y 105 metros de eslora (largo) llegó desde Rosario hasta la ciudad de las Cataratas con el mismo proyecto, un servicio entre esa ciudad y Buenos Aires, sin embargo, ante la falta de dragado del río, se hizo inviable que pudiera navegar cargado por su calado y peso de casi 5 mil toneladas. En 2008 el proyecto fue abandonado y desde entonces el buque está encallado en el Zárate. Ahora sería reconvertido en un hotel con habitaciones independientes. Construido en 1962 en los astilleros Río Santiago, el crucero unía Buenos Aires, Montevideo, Asunción y Misiones. Llegó a funcionar como hotel flotante en Iguazú durante los años ‘90.

“El primero lo compré en el ‘94, cuando todavía estaba el ‘1 a 1’. Fue a remate, ofrecí lo mismo que valía un Renault 12 usado y gané porque fue la única propuesta”, recordó su propietario, Bernardo Ditges. En 2010, un amigo le avisó que en Misiones se encontraba “el mellizo” de su crucero. “Se estaba hundiendo. Investigué quién tenía el control legal de la nave y lo compré”, recordó Bernardo durante una entrevista a Infobae, quien mandó a hacer un canal artificial desde el río Paraná, a un costado del puente Bartolomé Mitre Complejo Zárate, adonde fue llevado quedar definitivamente dentro del camping.

“Tiene 80 habitaciones y todas están en condiciones para ser usadas. Pero ahora, prefiero concentrarme en las cabañas de madera y los vagones de tren reciclado, que también forman parte del camping y son más fáciles de mantener. El barco seguirá cerrado hasta que mejore la economía”, sostuvo.

A diferencia del otro crucero, este se utilizaba para el transporte de pasajeros y su diseño interior estaba inspirado en el Titanic, divido por clases”, describió Bernardo quien contó que durante décadas supo unir Buenos Aires y Montevideo (Uruguay) durante el verano, y Buenos Aires y Asunción (Paraguay) durante el invierno.

La embarcación, con capacidad para 1.200 pasajeros y más 600 tripulantes, había sido construida en 1962 en los astilleros Río Santiago. Con el correr de los años tuvo diferentes dueños, que le dieron distintas utilidades. Su última década de esplendor había sido en los ‘90, cuando terminó convertido en un hotel flotante, en Puerto Iguazú.

En 1981, fue vendido a la empresa Ferrylíneas Argentinas S.A., y una década más tarde, en 1991, la nave quedó en manos de Línea Mágica S.A.. Cuatro años después, en 1995, fue embargado en el puerto de Juan Lacaze, en Uruguay, según documentos reunidos por la Fundación Histarmar, organización dedicada a la preservación del patrimonio naval argentino y la difusión de su historia.

Luego de varios años de incertidumbre, el crucero vivió una nueva etapa. Fue rescatado por un equipo liderado por el Dr. Raimundo Ocampo, quien lo trasladó nuevamente a Buenos Aires. A partir de entonces, volvió a surcar aguas nacionales realizando viajes turísticos por el Río de la Plata, el Paraná y el Uruguay, en una suerte de renacimiento fluvial.

Hacia finales de los años 90, bajo la operación de Turismo Babel Cruceros, el Ciudad de Paraná fue llevado a Puerto Iguazú, en la provincia de Misiones, donde tuvo una nueva vida como hotel flotante. En esa etapa, fue escenario de eventos sociales, encuentros íntimos y escapadas inolvidables, con visitantes que recuerdan haber pasado noches memorables, vivido historias de amor, compartido momentos con amigos e incluso celebrado su luna de miel a bordo.


Hoy, pese a su deterioro y al mito de que está abandonado, Ditges busca recuperar su estructura y reconfigurarla como un espacio turístico con fines de hospedaje.
“Estoy convirtiendo las habitaciones del primer piso en cabañas con baño privado y entrada individual desde el exterior. Es como armar un hotel, pero con accesos separados. No quiero que la gente ande sin rumbo por el barco”, explicó Ditges sobre el proyecto que avanza de forma paulatina mientras alquila el crucero para eventos recreativos y deportivos.
La nave, que alguna vez alojó a más de mil pasajeros, hoy es usada como escenario de partidas de airsoft, carreras de ciclismo y actividades vinculadas al wakeboard. Incluso, durante el Mundial de esta disciplina realizado en 2018, el crucero funcionó como base logística para delegaciones de 27 países.
Ditges es propietario no solo de este barco, sino también de su “mellizo”, una embarcación gemela que compró años después y mantiene oculta en el mismo predio, rodeada de árboles. Ambas naves se encuentran hoy a unos 800 metros del río, dentro del camping.
“El barco no está abandonado. Se mantiene activo, alquilado y con un plan concreto de renovación”, sostuvo su dueño, quien aseguró que los ingresos obtenidos por el alquiler son reinvertidos en su reacondicionamiento.
El ambicioso objetivo es que el crucero vuelva a ofrecer alojamiento turístico en el Delta, integrando una propuesta que combine historia naval, naturaleza y experiencias recreativas. Su restauración podría revalorizar un ícono olvidado del transporte fluvial argentino.
Mientras tanto, el “Ciudad de Paraná” resiste el paso del tiempo, con su estructura aún en pie, botes salvavidas colgando y rincones originales que conservan parte del esplendor que supo tener décadas atrás.