Paola Wojtowichz.
Las declaraciones de Sebastián Macías reflejan una preocupación genuina por el estado de las rutas nacionales en Misiones, pero también dejan al descubierto una enorme hipocresía política. El funcionario renovador —que ocupa simultáneamente el cargo de presidente de la Dirección Provincial de Vialidad y fue electo diputado provincial— se indigna ahora por el cierre de la DNV, pero guarda silencio o directamente acompaña al mismo modelo de gestión provincial que durante años naturalizó la precarización, la tercerización y la falta de transparencia en las obras públicas.
Las rutas 12, 14, 101 y 105 no se deterioraron ayer. Se vienen cayendo a pedazos hace años. Baches, señalización deficiente, banquinas que son una trampa mortal, falta de iluminación: todo esto sucede con la complicidad del Estado misionero, que durante décadas se ocupó más de pintar carteles de campaña que de garantizar rutas seguras. Hoy denuncian que Nación «neutraliza obras», pero ¿qué hacían cuando se dilapidaban recursos públicos en contratos opacos o cuando las concesiones privadas abandonaban el mantenimiento sin sanción alguna?
Macías dice entender el ajuste, pero usa esa misma excusa para justificar su propia ineficiencia. Habla de obras paralizadas, pero no menciona que muchas ya venían con serios retrasos antes de Milei. No hace falta ser libertario para ver que Vialidad Nacional no era un modelo de eficiencia, pero cerrarla sin reemplazo es una decisión criminal. Ahora bien, ¿desde cuándo la Renovación se convierte en defensora del Estado nacional? ¿Dónde estaban cuando se endeudaba la provincia, cuando se recortaban fondos educativos o cuando se desfinanciaba la salud pública?
Lamentablemente, los únicos que pagan las consecuencias son los misioneros que viajan por rutas destruidas, los transportistas, los productores, los docentes que deben cruzar kilómetros de asfalto deshecho. No se puede sostener una provincia productiva sobre un sistema vial que colapsa a pedazos mientras los funcionarios se reparten cargos y culpas.
Mientras tanto, la “columna vertebral” que menciona Macías se fisura con cada lluvia y con cada promesa incumplida. El deterioro no es solo de la infraestructura: es el reflejo de una gestión que hace agua por todos lados, tanto en Nación como en Provincia.

