Lo provisorio que se volvió eterno: el caso del puente sobre el Pindaytí

En julio de 2022, una postal de eficiencia y trabajo en equipo parecía dar esperanza: el Ejército Argentino y Vialidad Provincial instalaban en tiempo récord un puente Bailey provisorio sobre el arroyo Pindaytí, en la Ruta Provincial N.° 2, conectando Alba Posse y Colonia Aurora. Se trataba de una respuesta rápida ante la caída del viejo puente. Se prometió que en poco tiempo estaría listo el puente definitivo.
Pasaron más de tres años. El puente provisorio sigue allí, como único paso posible, con uso intermitente. Cada vez que llueve fuerte y sube el nivel del agua —como ocurrió este 29 de junio de 2025— se lo corta «preventivamente», dejando a comunidades aisladas. ¿Y el puente nuevo? Sigue sin inaugurarse. Peor aún: está paralizado desde agosto de 2023 por falta de pago.
La postal cambió. Ya no es la imagen de la respuesta ante la emergencia. Es la foto de una provincia que normalizó lo precario, que dejó caer la responsabilidad del Estado en un charco de abandono, barro y promesas vencidas.
¿Cómo se explica que una obra tan estratégica esté detenida desde hace casi dos años y aún no tenga fecha cierta de finalización? ¿Qué mensaje se da a la ciudadanía cuando los recursos públicos se diluyen entre candidaturas múltiples, lemas y sublemas, pero no alcanzan para terminar un puente? En 2025, Misiones tiene presupuestados $773.000 millones. ¿En serio no hay plata para terminar el Pindaytí?
La falta de infraestructura no es un detalle: es una traba directa a la producción local, a la educación rural, a la salud pública, al transporte y a la vida diaria. Cada corte del paso es una señal de advertencia. Cada año sin puente definitivo es una falta de respeto a las comunidades afectadas.
No hay discurso del “misionerismo” que pueda ocultar este abandono. Si pelear por lo que nos corresponde incluye los recursos de la Nación, también debería incluir terminar las obras que ya empezamos y no dejarlas a medio hacer.
El puente del Pindaytí ya no es sólo una obra pública inconclusa. Es el símbolo de lo provisorio que se volvió permanente, del parche que se convirtió en política de Estado. Una metáfora de lo que ocurre cuando la improvisación suplanta a la planificación.
Y mientras tanto, la gente espera. Siempre espera. A veces del otro lado del arroyo.
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Por Paola Wojtowichz