De aquel “afueraaa el Conicet del Estado” del presidente Javier Milei antes de ser electo presidente hasta hoy, en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) pasaron cosas. Lo que no cambió es el estilo apasionado y comprometido de su presidente, Daniel Salamone -médico veterinario graduado en la Universidad de Buenos Aires y doctorado en biotecnología en la Universidad de Massachusetts, Estados Unidos- por mantener encendida y virtuosa la llama de un organismo gubernamental que es un activo prestigioso para el país y que tiene mucho para dar a la sociedad.
Desde sus oficinas en el piso 11 de la institución científica con más volumen y presupuesto que tiene el Estado, y que concentra más de 27 mil almas entre investigadores, científicos, tecnológicos y recursos humanos en general, Salamone explicó: “La ejecución del presupuesto del Conicet 2024 está garantizado, y no es cierto que lo vamos a desfinanciar o achicar. Y me refiero a todos los puntos que impactan en un presupuesto grande para las 27 mil personas que lo integran: los sueldos, las paritarias, los insumos para los investigadores y tantas cosas más. No se le debe un peso a nadie. Y en el caso de las becas, hubo un aumento junto a salarios, según las últimas paritarias”.
“Me importa llevar tranquilidad a todos los institutos científicos que integran el CONICET, acerca de que el presupuesto estimado 2024 está garantizado y está siendo ejecutado en tiempo y forma. Ya ejecutamos el 41%, es decir que los científicos pueden dormir tranquilos”, agregó Salamone, quien quiere dar buenas noticias sobre el CONICET y las tiene.
Sobre todo luego de haber quedado molesto por una carta que circuló esta semana y que Infobae publicó, en el marco de una visita oficial al Reino Unido, con la firma de un grupo de más de 30 renombrados científicos argentinos que residen en ese país europeo, y forman parte de la Red de Científicos Argentinos en el Reino Unido (RCARU).
Con ellos mantuvo un encuentro cordial en la Embajada Argentina en Londres, y en la carta una parte de los investigadores que participaron de la reunión -no todos- expresaron “su preocupación por la situación que atraviesa el sistema científico y tecnológico argentino”. Pero la cabeza de Salamone está puesta en lo que vendrá.
“Hay que luchar contra el desánimo que algunos sectores quieren instalar sobre la ciencia argentina desde que asumió este gobierno”, disparó Salamone en diálogo exclusivo con Infobae. “Quiero hacer ciencia en el Conicet basada en la evidencia -el mantra para cualquier investigador del mundo-, y no basada en opiniones o relatos”.
Los desarrollos científicos en ciencias básicas y aplicadas demuestran que el CONICET es una marca país valiosa, un activo potente para generar riqueza para el Estado Nacional. Y probablemente ahí Salamone logre la mayor sintonía con la sociedad civil, la que probablemente no sabe de papers científicos; pero sí del rol fundamental que tiene la ciencia para el desarrollo y visión a futuro de un país.
Presupuesto estimado 2024
La ejecución del presupuesto previsto del CONICET para 2024 asciende a un total de $450.748.192.028 y la torta quedó repartida de la siguiente forma: la mayor parte, el 75% está asignado a “Gasto del personal” ($341.877.969.183).
En segundo lugar, se ubican las “Becas”, que comprende el 21,37 % del gasto ($96.308.600.659). En tercera posición, aparecen las “Transferencias corrientes”, representadas en un 1,89 % del total. ($8.525.421.287). Luego siguen los siguientes ítems: “Transferencias Capital”, con el 0,65 % ($2.938.480.00.); “Funcionamiento de la sede”, que comprende el 0,20% ($912.802.899) y “Equipamiento de la sede”, con el 0,04% ($185.191.000).
El CONICET fue fundado en 1958 bajo la dirección de científico Bernardo A. Houssay, ganador del Premio Nobel. Según las últimas cifras oficiales, el organismo cuenta con 27.000 empleados distribuidos a lo largo del país, desde la Antártida hasta Jujuy. Con más de seis décadas de historia, la institución ha trabajado en colaboración con diversas universidades y organizaciones internacionales, buscando fomentar la innovación y el avance del conocimiento.
El mantra de la gestión Milei, “no hay plata”, también le obliga al CONICET a buscar ideas creativas para bajar los costos de una infraestructura cara por la dimensión del organismo. “Sería mentiroso no decir que la situación económica del país no impacta en el funcionamiento de organismo, impacta en las compras de insumos, la ciencia tiene muchos costos dolarizados. A la vez le buscamos la vuelta, ahora, por ejemplo, queremos ahorrar en electricidad y buscar comprarla a mejor precio con algunas distribuidoras. Es importante mejorar el rendimiento del dinero: llegué con 2000 mil millones de pesos en la caja chica, y hoy hay 7000 mil millones de pesos”, precisó Salamone.
Dos ejes
Existen dos ejes que definen la gestión que Salamone al frente del CONICET, la vinculación tecnológica y la cooperación internacional: “Soy un convencido de que hoy a la Argentina se la percibe diferente, con un buen clima para invertir en el sistema científico argentino. Hay que enamorarlos para que vengan a invertir. Y ahora las condiciones económicas proponen menos trabas, menos tipos de dólares, y más seguridad jurídica, todo esto beneficia mucho a un inversor que quiere apoyar un proyecto científico y despeja las distorsiones”.
Hay que entender las diferencias entre un país emergente como Argentina y uno de primer mundo, mientras que a un becario en UK o USA le otorgan para su proyecto USD 200 mil dólares o más -lo puede hacer el Estado o una alianza público-privada o fondos privados solamente-; un becario aquí recibe promedio USD 5 mil dólares. “Para nuestra escala no está mal. Ahora si comparamos… Por eso mismo, quiero alentar las alianzas público-privadas como eje del financiamiento en investigación”, dice Salamone.
“La ciencia funciona por los científicos y justamente una de mis obsesiones en el organismo es volver competitiva a la ciencia argentina”, apuntó Salamone.
Corazón en la biotecnología
Su doctorado en biotecnología en la Universidad de Massachusetts, Estados Unidos, evidencia por qué para Salamone ese sector es fundamental para volver competitiva a la ciencia argentina: “Creo que la biotecnología es un camino muy próspero para la ciencia argentina, porque una de las maneras de desarrollarse aquí y en el mundo es a través de starts-ups o incubadoras tecnológicas, que permite recibir inversiones de menos a más, mientras ya se ponen en acción los proyectos. Es muy dinámico ese sector”.
En el país existen fondos privados de inversión muy activos y competitivos en el sector biotecnología, como por ejemplo Gridex (solo de privados), SF500 (mixto, provincia de Santa Fe y un grupo empresario); Keclon (desarrollo de enzimas a escala industrial); en este esquema al CONICET le quedan las patentes de proyecto y los fondos un porcentaje del mismo. Todavía seguimos en un momento de transición debido a nuestra economía aún endeble, pero esto muy pronto va a cambiar.
El CONICET es la institución más prestigiosa en América Latina y debe animarse a transformar ese conocimiento en innovación. Estamos sextos en Latinoamérica en innovación. Está primero Brasil, Chile, México, Colombia, Uruguay, y luego Argentina. Entonces tenemos un camino para recorrer. Por supuesto, no es responsabilidad sólo de los científicos, sino de la situación económica, de aspectos vinculados también al tipo de Ley de Patentes que hace que apliquemos menos la innovación.
El valor del territorio Antártico
Salamone no oculta su emoción al coincidir sobre que el territorio Antártico de la República Argentina es, desde el punto de vista de la investigación científica, una especie de tierra prometida y la más codiciada del mundo
El territorio Antártico también empuja la idea de volver competitiva a la ciencia argentina, con proyectos de mucha dimensión y que pueden mejorar la calidad de vida de la humanidad. En astronomía está el Proyecto QUBIC, un telescopio en la puna salteña para develar el origen del universo. Es un proyecto internacional asentado en Argentina que pretende comprobar empíricamente la teoría de la inflación cósmica del Big-Bang
En ciencias sociales, están las mediciones e informes del Observatorio de la Deuda Social, investigaciones con geolocalización para de alguna manera pensar a la política con evidencia científica. Se ha descubierto la primera bacteria antártica, la edición genética de vegetales. “En definitiva apostar a las ciencias básicas y a las ciencias aplicadas; todos estos proyectos luego fortalecerán cualquier reclamo de soberanía que presente la Argentina”, explicó el titular de CONICET.
