Los que ingresamos al PRO en la primera década del siglo 21, lo hicimos convencidos de estar formando parte de algo distinto, alejados de los manejos sectarios de las cúpulas enquistadas en los partidos tradicionales. Era un permanente ganar/ganar. Un espacio nuevo, moderno, conducido por gente de cabeza abierta, sin odios, sin rencores. Ese particular espíritu fue el que hizo crecer al PRO, siempre ábido de incorporar otros sectores, inclusive otros partidos. Primero la fusión con Recrear, también la sociedad política con el Momo Benegas y su partido FE, el impensado acuerdo con Lilita y el ARI que precipitó la decisión radical de Gualeguaychú, luego la absorción de Unión por la Libertad, finalmente la incorporación de Miguel Pichetto como candidato a vice en 2019. Siempre obrando desde una mentalidad abierta, amplia para sumar gente y espacios con valores similares.
Esta misma lógica ha venido aplicando el jefe de gobierno porteño en la construcción política en CABA. Un bloque en la legislatura que abarca un amplio abanico de ideologías y orígenes partidarios que le permiten acordar políticas públicas superadoras para la sociedad. Sin mezquindades, sin sectarismos.
La hora que vive nuestro país, la endeblez de la economía y la delicada situación social, exigen de acuerdos importantes para gobernar y realizar las profundas transformaciones que necesitamos como nación.
La incorporación a JxC del gobernador Schiaretti, de José Luis Espert, Randazzo y otros sectores afines a nuestro pensamiento y a nuestros valores, no debería ser materia de discusión por estas horas. Todo lo contrario. Esas incorporaciones van conformando la masa crítica necesaria que va a sustentar políticamente las transformaciones que debe realizar la Argentina. Y claramente debe ser ahora, no con posteriores acuerdos parlamentarios que se rigen por una lógica de toma y daca. La validación electoral del gran acuerdo nacional, es fundamental para garantizar la sustentabilidad del mismo. La actual paralización del Congreso en virtud de la vigente paridad de fuerzas, alerta a gritos sobre esta situación.
Este acuerdo político, programático y electoral es un reclamo de la sociedad en su conjunto, es la posibilidad de encarar procesos de cambio y transformaciones duraderas y fácticas. No colaboran en este sentido, el sectarismo, las divisiones estériles, las descalificaciones y las mezquindades personales, ajenas a los valores fundacionales de nuestro espacio. Es una encrucijada de la historia: o dialogamos y acordamos o nos estrellamos.
Por Alfredo Schiavoni, diputado nacional de Juntos por el Cambio
