Rossi: “Alberto es un muy buen tipo y me cuesta encontrarle defectos a Cristina”

Es curioso e interesantemente contradictorio el perfil de Agustín Rossi. Bien podrían haberle puesto “Chivo” por la vehemencia y el carácter fuerte que lleva como estandarte mientras camina por los sinuosos senderos del peronismo desde hace más de 30 años. Pero no. Lo de “Chivo” viene de su infancia en Vera, provincia de Santa Fe, fruto de una cara angulosa y de una barba particular que graciosamente lo asemejan a la cría de una cabra.
Interesantemente contradictorio porque combina en iguales proporciones dos ingredientes que en la política argentina, mezclados, pueden convertirse en un cóctel complejo. Por un lado, es un guerrero de la política capaz de liderar verticalmente a un ejército heterogéneo de diputados nacionales y de defender a capa y espada una idea hasta el final. Por el otro, ostenta niveles de lealtad que -para muchos- lo vuelven vulnerable a la conducción de una jefatura política que pocas veces (por no decir “que nunca”) le ha pagado como se merece.
Fue el histórico jefe de la bancada kirchnerista en la Cámara de Diputados durante los años críticos, tiempos de los debates emblemáticos de aquella fuerza política: la 125, la ley de medios, la reestatización de YPF. Cada una de las leyes las peleó a matar o morir, con uñas y dientes. La cámara entera esperaba de madrugada los cierres de debate de Rossi. Incluso sus más acérrimos adversarios muchos de los cuales, al apagarse las luces del recinto y después de dispararle duro en la batalla, le daban un abrazo cortés con un dejo de objetiva admiración política.
La entrega que Rossi ofreció al kirchnerismo fue la que -quizás- hizo que Cristina lo nombrara ministro de defensa durante su segunda presidencia. Pero no fue un premio. De hecho, la presidenta jamás acompañó a Rossi en su sueño mejor: ser gobernador de Santa Fé. Incomprensiblemente para muchos, ella siempre encontró otro candidato a quien apoyar. Más incomprensiblemente aún: años más tarde, en 2021, siendo Rossi ministro del poder ejecutivo, Alberto Fernández y Cristina Kirchner apoyaron a su contrincante en las elecciones a senador nacional.
Aún así, él agarró “la papa caliente” que el presidente le tiró primero al pedirle que se haga cargo del servicio de inteligencia del Estado y luego de la jefatura de gabinete de ministros del gobierno, cargo en el que sigue.
Tiene 63 años y es ingeniero civil. Se recibió en la Universidad Nacional de Rosario, ciudad en la que despertó a la política. Sorprendió a muchos al anunciar hace unas semanas que se presentaría como precandidato a presidente de la nación, por varias razones. Primero, por la negativa de Cristina, La Cámpora y Massa de dar internas. Ellos quieren un candidato único, y ese no es Rossi. Y en segundo lugar (y no menos importante), porque los números al menos por ahora no lo favorecen.
Por ese extraño callejón de los estudios de opinión pública comienza la charla…
-¿Hace encuestas?
-No las encargo yo personalmente, pero veo encuestas.
-¿Cómo mide?
-Cuatro puntos y medio. Cinco.
-¿Alcanza eso para ser precandidato a presidente de la nación?
-Para ser precandidato, sí. Los números hay que mirarlos desde donde uno viene. Yo estoy con mucha expectativa porque es un número que va creciendo.
“Mi candidatura empatiza con varios sectores de la sociedad”
-Viene uno de sus hijos y le pregunta: “papá, ¿hay chances de que te bajes?” ¿Qué le responde?
-Que el Frente de Todos tiene un proceso político dinámico. Esa dinámica puede terminar en un candidato de síntesis o en varios precandidatos. ¿Cuándo termina esa dinámica? El 24 de junio. Si la presentación de lista yo la tengo que hacer mañana, mi boleta con “Agustín Rossi” va a estar en la urna. Esa es la respuesta. No tengo ninguna mirada rígida en ese sentido. No digo: candidato único o caos. Y tampoco digo: PASO o muerte. Hay que ser respetuosos de la dinámica.
Fijate lo que pasó en nuestro espacio político. En 2019 no fue que la fórmula de Alberto y Cristina salió de un acuerdo. La fórmula generó el consenso. Se anunció e inmediatamente aparecieron gobernadores, dirigentes gremiales y dijeron “eso era lo que estábamos esperando”. La mía es una candidatura que empatiza con varios sectores de nuestra sociedad y del Frente de Todos y que puede interpelar a otros. Así que estoy muy entusiasmado con esa posibilidad.
-La sensación que uno tiene es que hay un sector muy potente del Frente de Todos (FdT) encabezado por la vicepresidenta que no quiere que haya PASO. ¿Usted siente eso?
-Hay algunos dirigentes que dejan traslucir eso. Pero no dependerá de la voluntad de un dirigente. Dependerá del proceso político interno. Mi voluntad personal no se va a imponer sobre la dinámica propia del Frente de Todos. Si no hay síntesis va a haber PASO. El mayor error que podría cometer el Frente de Todos es forzar algo que no es. Eso generaría más tensión.
-Si Cristina le dice “Agustín, se tiene que bajar”, ¿le hace caso a ella?
-Yo la respeto muchísimo a Cristina y comparto una cantidad de miradas y de decisiones de tipo estratégica. Pero voy a responder con mi propia historia. En las últimas elecciones en Santa Fe fui candidato a senador y tanto Cristina como el propio presidente de la nación tenían otro candidato. Y yo fui candidato.
-O sea que va a hacer lo que usted quiere…
-Voy a hacer lo que mueva mi voluntad y lo que me indiquen las circunstancias en ese momento y en ese lugar.
“Tenemos la inflación que tenemos, arriba del 100%, pero recibimos el 55%”
-Antes de estas conversaciones suelo contarles a mis amigos que no tienen nada que ver con la política a quiénes voy a entrevistar y ellos hacen preguntas que a mí me encanta traer a la mesa. La semana pasada, en el asado, uno que los votó a ustedes me dijo: “Rossi es el jefe de gabinete de un gobierno que no la viene pegando en la economía. ¿Cómo va a ser candidato a presidente y que la gente lo vote?”…
-Bueno, todos los que han explicitado su voluntad o los que implícitamente han dejado trascender que van a ser candidatos son funcionarios del gobierno. Sergio Massa es ministro Economía, “Wado” de Pedro es ministro del Interior, Daniel Scioli es el embajador argentino ante Brasil y yo soy jefe de Gabinete. Si el gobierno es excesivamente malo, es imposible que los funcionarios del gobierno sean candidatos. Entonces hay algo que no encaja. La verdad está en el medio. Es un gobierno que ha tenido aciertos y que tiene debilidades.
-Bueno, no le han pegado en algo tan elemental para la gente como es el bolsillo… Tenemos más de 108 puntos de inflación. ¿Usted qué va a hacer para controlar la inflación si es presidente?
-Entre noviembre y diciembre cambia el ciclo económico de la Argentina. El año que viene nosotros no vamos a tener ni la sequía ni las consecuencias de la sequía. Vamos a haber metabolizado la economía argentina, las consecuencias de la guerra y de la pandemia. Por lo tanto, vamos a tener una balanza comercial favorable. Se va a poder engrosar las reservas del Banco Central. Así se puede dominar el tipo de cambio. Y si domina el tipo de cambio, baja la inflación y se recupera el poder adquisitivo del salario.
Fijate lo que sucedió este año con la inflación. Los primeros quince días de enero los precios evolucionaban más o menos al mismo ritmo de octubre, noviembre y diciembre; cuando empezamos con un nivel descendente. En la segunda quincena se empezaron a disparar. ¿Qué pasó ahí? La economía tomó cuenta del daño que iba a significar la sequía. Entonces dijeron le van a faltar US$ 20.000 millones, no los tienen, van a tener que devaluar, entonces me cubro ante una devolución que nunca sucedió. Esto es lo que pasa en un país como Argentina.
-Entonces usted cree la gestión de Massa es buena como ministro de economía…
-El ministro hizo una excelente gestión. Y estuvo preocupado y ocupado en recomponer las reservas del Banco Central para tratar de controlar el tipo de cambio y en eso encontrar un sendero descendente del proceso inflacionario.