El candidato a intendente de Oberá, Horacio Loreiro, del PRO, planteó en declaraciones radiales la posibilidad de concesionarlo para que los privados se hagan cargo, lo que haría que el estado deje de tirar el dinero de los contribuyentes con malas administraciones.
Con el dólar blue en 438 pesos, hoy hacer otra perforación al Acuífero Guaraní costaría unos 220 millones de pesos.
Por estos días electorales, varios candidatos a intendente que promenten reabrir el parque termal «cueste lo que cueste». Aseguran que generará trabajo e inversiones, como se anunció en 2003, pero en 20 años fue un fiasco con bombas que se quemaban frecuentemente y hasta se usó una caldera para calentar el agua, ergo, nunca fue algo serio.
Empero si realmente es un proyecto viable, como aseguran los candidatos, ¿por qué no proponen un fideicomiso donde los hoteleros e inversores interesados pongan el dinero necesario para hacer otro pozo?. La cadena Bagú anunció hasta una línea área en Misiones, dinero tiene, al igual que Casinos Misiones, y otros. Si es factible tener termas bombeadas en Oberá, recuperarían lo invertido, ganarían dinero y generarían empleo beneficiando también a los propietarios de cabañas, pero si no lo es, no van a poner un peso, porque nadie se va a arriesgar su capital en un proyecto inviable. Sin embargo, para los políticos es fácil gastar el recurso de los contribuyentes y si no funciona, pues no importa con el dinero tirado.

Tanto la gestión de Carlos Fernández como la actual la consideraron inviables al punto se que le cambió el nombre de Termas de la Selva a Parque de la Selva y hoy se lo utiliza para fiestas durante el año y piletas de agua frías en el verano.
En 2021 se pidió presupuesto a una empresa de Mendoza para intentar recuperar la perforación ya que el pozo se desmoronó afectando el caudal, razón por la que se dañaron las bombas, entre ellas la tercera que se compró a Dinamarca al costo de 15 mil dólares.
El estudio costaría 5 mil dólares y el trabajo para intentar recuperar la perforación costaría unos 40 millones de pesos aunque sin garantía, por lo que algunos candidatos prometen hacer otro pozo que no sería el segundo, si no el tercero porque también se gastaron recursos públicos en otra perforación hecha en 2012, en el predio de la CELO, pero que nunca llegó al Acuífero y todavía están las máquinas en el lugar.
Hacer un tercer pozo costaría, según presupuestos solicitados a empresas brasileñas por el ya fallecido Elías Andrujovich, unos 500 mil dólares, que al dólar blue actual de 438 pesos, arrojan un costo superior a los $219 millones para hacer una perforación de 1.170 mts. de profundidad y 17,5 pulgadas, a lo que se debe sumar luego el encamisado, bombas, grúas, etc.
Luego, ver cuánto dura hasta que la bomba se queme y otra vez los costos.
Durante los últimos 20 años en Oberá sólo hubo dos inversiones hoteleras importantes, la primera la hizo el Casino porque estaba obligada por el contrato firmado en 1997 con el IPLYC, ente regulador de juegos, a hacer una inversión en uno de sus cuatro locales: Oberá, Eldorado, Alem o Puerto Rico, optando por la ciudad más grande y además porque parte de sus clientes son brasileños que llegan a jugar dado que en ese país están prohíbidos los casinos y no tienen un puente para regresar a la noche. La otra inversión en el sector fue el Hotel Azul, entonces propiedad de un ex funcionario muy cuestionado por corrupción. Este hotel fue comprado hace poco por la cadena Bagú, pero ya cuando el parque termal incluso había cambiado de nombre, es decir, no por las termas.
Los que sí invirtieron pensando en el turismo termal fueron emprendedores locales que hicieron algunas cabañas, pero esto no sólo ocurrió en Oberá y por las termas, si no en toda la provincia, incluso hasta en Candelaria que no tiene ningún atractivo turístico. Y esto se debe a una tendencia de escapadas de fin de semana de familias o grupos de amigos, que las alquilan por tener un quincho y una pileta; o para turistas de paso que les sale más barato y cómodo porque hasta pueden hacer un asado, cosa que en un hotel no.
Gastar 160 millones de pesos en reformar la plazoleta Güemes en una ciudad donde buena parte de las calles son de tierra y la gente debe caminar o conducir por el barro y las piedras, donde los colectivos no pasan cuando llueve para no terminar en la zanja; o donde hay vecinos que todavía no tienen agua potable cuando se llegó a decir que Oberá iba a embotellar agua del acuífero para exportar Dubai, es un escándalo; como así también volver a tirar 210 y más millones en un proyecto termal que ha mostrado, después de 20 años, ser inviable.
Hay quienes dicen que el dinero lo pondría la provincia o la nación, como si fuese un regalo, como si no saliese de los contribuyentes, del IVA y todos los demás impuestos que AFIP cobra sobre cada producto vendido en un supermercado. El dinero del municipio, provincia o nación salen de los impuestos, por lo tanto se debe ser responsable con su uso, y Oberá tiene enormes falencias en servicios básicos como para seguir dilapidando recursos.

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Termas de la Selva: Se cumplen 20 años del fiasco que prometía hasta un «tren verde» desde el Km 8
Es imposible calcular con certeza cuánto dinero de los contribuyentes se tragó el proyecto anunciado por el entonces presidente de la CELO, Ewaldo Rindfleisch, en campaña para la intendencia en ese momento. Hoy el predio con agua fría es utilizado para fiestas y eventos.
La idea original fue del propietario del hotel Cabañas del Parque, Elías Andrujovich, ya fallecido, que buscaba llevar adelante el proyecto termal de manera pública-privada. Luego denunciaría que Rindfleisch «le robó la idea» y la utilizó para su campaña electoral.
En el año 2003, la Celo obtuvo un aporte del Estado Provincial de 700 mil dólares (280 millones pesos actuales) para efectuar la perforación del Acuífero Guaraní. En principio estaba destinada a reforzar la captación de agua potable, tal como lo indica el contrato entre las partes: “Se eligió este lugar por encontrarse en una zona alta y cercana a la planta de potabilización, pudiendo alimentar a ésta por medio de un acueducto de aproximadamente 2000 metros, lo que permite minimizar los costos de distribución”.
El contrato fue firmado por Rindfleisch, Raúl Albea, secretario de la CELO y Santiago Ros, en ese entonces Subsecretario de Obras Públicas.
Dicho acueducto entre el parque termal y la planta de agua potable se ejecutó al costo de casi 300 mil dólares (hoy 120 millones de pesos).
Al poco tiempo decidieron cambiar los planes: la Celo le cedería la perforación a la Municipalidad para la concreción del parque termal, a cambio la comuna se comprometía a realizar otro pozo para que la cooperativa refuerce la captación de agua. El segundo pozo nunca concluyó y las máquinas perforadoras de la empresa San Juan aún están en el predio de Agua Potable de la CELO. La broca se rompió antes de llegar al acuífero y ahí quedó. Incluso hay una demanda contra la municipalidad por pagos adeudados a San Juan.
El gobernador de ese entonces, Carlos Rovira, comprometió todo su apoyo para la concreción del proyecto termal de Rindfleich que hasta anunciaba una “piscina olímpica” incluida y la construcción de un paseo lineal sobre la ex ruta 14 desde la rotonda del kilómetro 8 (detrás del supermercado Austral) hasta las termas con “un tren verde” lo que sería «la revolución turística» de Oberá.
Durante ese tiempo, Rindfleisch hizo numerosos viajes con vehículos municipales para “experiencias termales” en Entre Ríos y Brasil. A mediados del 2005 cruzó al vecino país con un auto oficial y sin autorización, lo que meses más tarde le valió una denuncia penal por parte de los concejales de la oposición. En su alegato, el jefe comunal dijo que viajó a Brasil para “estudiar y analizar” los centros termales. El asunto fue cajoneado por los ediles renovadores de aquel momento, entre ellos el entonces presidente del Concejo Deliberante, Eduardo Serra.
Cuando se llegó al Acuífero, en 205, a más de mil metros de profundidad, se confirmó lo que los estudios geológicos contratados por Andrujovich anticipaban: el agua no es surgente y hay que bombear, lo que implicó comprar, colocar y reparar bombas frecuentemente, por lo que el pozo nunca tuvo un régimen continuo duradero y confiable.


«Buraco más chico»
En 2005 Andrujovich denunció las falencias del proyecto termal obereño en la banca pública del Concejo Deliberante. En su presentación recordó que fue integrante de una comisión técnica convocada por Rindfleisch que fracasó. “El ciudadano de Oberá debe saber que el pozo que hizo la Celo no alcanza las diez pulgas de diámetro, mientras que el convenio que se firmó con Obras Públicas de la Provincia es por un pozo de 17,5 pulgadas, y el dinero que ha enviado era suficiente para realizar esa obra”, denunció entonces en referencia a lo que el intendente reconoció como «buraco» más chico.
“Se han preguntado ¿qué se hizo con el dinero restante?, subrayó Andrujovich.
El predio donde se hizo la perforación fue adquirido por unos 200 mil dólares (hoy unos 80.000.000 pesos), muy por arriba del valor promedio de mercado de aquel momento.

En 2012, pasado casi 10 años del inicio de la perforación, el entonces gobernador Maurice Closs inauguró finalmente el Parque Termas de la Selva. Hugo Passalacqua, en ese momento vice y el intendente Ewaldo Rindfleisch, cortaron la cinta junto a otros funcionarios y la modelo Ingrid Grudke. Nory Eichelt, esposa de Rindfleich, quedó a cargo del consorcio termal creado en 2008 para la adminstración del mismo.

«Le tengo mucha confianza a las Temas, porque es una sabia utilización de nuestra tierra, y esta también es una expresión de la naturaleza, porque la naturaleza puso a 1.200 metros de profundidad un agua termal en calidad y en cantidad. Hay lugares en el mundo que por más de que perfores y perfores, no vas a encontrar nada. Y en el suelo nuestro tenemos no solo el agua para tomar, sino también con estas propiedades para el turismo y la salud», dijo Closs en ese momento. Pasaron 11 años de eso y todavía en Oberá hay barrios que carecen de agua incluso para tomar.
También anunció ese día que en 24 meses se concretaría la segunda perforación profunda «para tener agua suficiente para la ciudad de Oberá», dijo.
Para las obras en el predio termal, el gobierno pronvincial otorgó subsidios hasta 2012 por alrededor de $8.300.000 para las tres piletas y paquetes sanitarios, que al valor de hoy en día, equivalen a $415 millones.
Si bien durante la gestión de Carlos Fernández se dijo que a partir de 2016, las termas dejaron de ser deficitarias, esto no fue así ya que el plantel de empleados lo cubría la municipalidad, es decir el estado, y el costo de la energía la CELO, ergo los socios.

Durante 2017, la bomba estuvo 9 meses sin funcionar y se la envió a Buenos Aires para su reparación. En 2018 se compró una nueva importada desde Dinamarca (la tercera) al costo de 400 mil pesos, a fin de reemplazar la más antigua que fue colocada provisoriamente. Cada cambió implicó contratar una grúa de gran tamaño para sacar los pesados caños que sujetan la misma. En 2019 volvió a quemarse, se la reemplazó por la de repuesto pero esta no duró por lo que hubo una prolongada interrupción de funcionamiento y finalmente a mediados de 2021, Fernández reconoció que para el municipio «no es negocio tener una terma».
En marzo de ese año, el entonces titular de la Dirección de Turismo, Fernando Vitelli, estimó que “si todo sale bien, en 30 o 40 días recibiríamos el repuesto del cuerpo de la bomba, No hay en la Argentina, son cuestiones mecánicas y cuando se rompe, no hay nada que hacer”, aseveró.
Pasaron los 40 días y en junio, el jefe comunal dio un panorama pesimista al respecto, comunicando que sólo el estudio sobre el pozo costaría 30 mil dólares más IVA. «Al municipio le cuesta muchísimo hoy destinar 30 mil dólares más IVA en efectivo para poder traer a la empresa que haga el estudio del pozo», señaló, precisando que «tenemos el presupuesto de una empresa de Mendoza que es la única que podría venir a arreglar el pozo, y si el pozo se tiene que hacer el encamisado completo, estamos hablando de 40 millones de pesos. No se trata de las ganas que uno tenga, se trata de tener los fondos necesarios», indicó agregando que «si el pozo ya no sirve, se tendría que hacer otro», es decir, más dinero.
Además detalló en ese momento que «el pozo tiene un defecto que probablemente sea un desprendimiento de piedras y que está tapado, tiene muy poco caudal de agua y que no alcanza, por eso se quemó la bomba que se puso, que justo se había hecho el reemplazo 15 días antes».

Para fin de ese año, el parque termal cambió su nombre a parque de la Selva, de alguna manera poniendo fin al fiasco y durante los últimos dos veranos, se la utilizó como piletas de agua natural.
Los 40 millones de pesos a precio de 2021, hoy serían unos 120 millones, y no hay garantías de que funcione, además de que las bombas seguirían quemándose cada tanto.
Además de costoso, siempre fue inestable razón por la que las agencias de turismo ya no lo consideraban un proyecto serio y vendible a sus clientes. Más de una se ganó mala fama al ofrecer las termas de Oberá para luego tener que devolver el dinero porque «la bomba se quemó», tal como ocurrió durante en Semana Santa de 2014, y otras muchas ocasiones más, al punto que en un momento se debió instalar una caldera para calentar el agua.
“Habitualmente habrá problemas técnicos con la bomba», confesó Rindfleisch en 2012.
