La Díocesis de Oberá emitió un comunicado pidiendo a las autoridades judiciales y policiales «que intensifiquen efectiva y eficazmente la investigación y la búsqueda de los responsables del homicidio» de Gladis Gómez.
Tras permanecer un año detenidos como sospechosos, el 22 de marzo Mario Antonio A. (28) y Santiago Miguel S. (27) fueron beneficiados con la falta de mérito y recuperaron la libertad por disposición del Juzgado de Instrucción Uno de Oberá.
De esta forma, la investigación por el brutal homicidio cometido en el marco de un asalto bajo modalidad motochorro volvió a foja cero, lo que generó gran indignación en los familiares de la víctima y en la comunidad obereña, ya desconfiada de sus autoridades.
«Si en la cárcel no están. Entonces, circulan libremente por nuestros barrios sin justa condena. Nuestras familias están en riesgo. La vida de cada uno de los ciudadanos está expuesta a merced de delincuentes», alertaron.

Comunicado
«Tras la reciente noticia de la liberación de los únicos sospechosos y sin otros posibles acusados del asesinato de la joven catequista y comerciante Gladis Gómez, como comunidad Católica de Oberá, nos unimos una vez más a sus familiares y amigos que sintiéndose conmovidos y desamparados se preguntan: ¿Dónde están los asesinos de Gladis?
En la cárcel no están. Entonces, circulan libremente por nuestros barrios, sin justa condena. Nuestras familias están en riesgo. La vida de cada uno de los ciudadanos está expuesta a merced de delincuentes.
Pedimos a las autoridades judiciales y policiales que intensifiquen efectiva y eficazmente la investigación y la búsqueda de los responsables del homicidio de Gladis Gómez para que este hecho no quede impune. Es necesario y urgente que quienes deben velar por la seguridad y la justicia actúen con celeridad para que estos repudiables hechos de violencia no vuelvan a suceder.
Queremos la paz para todas nuestras familias. La paz que surge de la verdad y de la justicia.
Seguimos acompañando con nuestra oración y contención a todas las familias heridas por estas pérdidas irreparables y unimos nuestra voz a su voz para clamar nuevamente que se haga justicia».
Confiados en que «nuestra ayuda viene del Señor que hizo el cielo y la tierra» (Salmo 121,2) esperamos que pronto se dé con los culpables.
