Es bastante conocido que algunos funcionarios públicos sean al mismo tiempo empresarios o que, a través de testaferros, se aprovechen de la información o los contactos que el cargo les proporciona para realizar negocios. También aquellos qué como Lázaro Báez por amistad con un funcionario, en este caso el presidente de la nación, se afanaron en armar rápidamente empresas contratistas del estado. La denominada “patria contratista” es el ejemplo viviente de fortunas surgidas al calor del poder del estado. Este clásico modelo de negocios, reconoce antecedentes antiquísimos. Innumerables ejemplos jalonan la historia de las fortunas surgidas a la sombra del poder político.
En Misiones, el gobierno de la Renovación, perfeccionó este mecanismo. Si bien es cierto arrancó con la matriz precedentemente descripta, a medida que fue afianzando su poder y tornándolo hegemónico, mutó a un sistema de utilización de las empresas del estado provincial como empresas propias.
El espacio que conduce Carlos Rovira y que gobierna la provincia de Misiones desde hace casi 20 años, propició la creación de diversas formas jurídicas para salir del control del gasto público. Durante la primera década de gobierno se valió de la creación de fundaciones varias, nutridas con fondos públicos. Nacieron así el Parque De La Salud, Parque Del Conocimiento, etc. Pero a medida que se fue haciendo carne el apotegma de Luis XIV “El Estado soy yo”, se fueron creando diversas SAPEM (sociedad anónima con participación estatal mayoritaria), o simples sociedades del Estado manejadas como si fuesen de propiedad privada.
Esta concepción totalitaria del poder, tan arraigada en la Renovación, no reconoce límite alguno entre lo público y lo privado. La idea de que el gobierno renovador debe participar e intervenir en la economía provincial se plasma de diferentes maneras. Desde empresas, fundaciones y organismos creados al efecto, el gobierno renovador rige la vida de los misioneros.
La matriz de este modelo consiste en crear empresas estatales que fijan el marco regulatorio para desempeñar determinadas actividades y que al mismo tiempo desarrollan esas actividades que ellas mismas regulan. De esta manera, se aseguran que las empresas privadas desistan de llevar a cabo esos negocios en situación de competencia desleal. Algunos ejemplos: Marandú Comunicaciones. Es una sociedad del estado provincial que opera en el campo de las comunicaciones y transmisión de datos. Energía de Misiones (EMSA). Empresa proveedora y comercializadora de energía eléctrica. Misio Pharma. Empresa del estado para desarrollar y producir cannabis medicinal. Agua de Las Misiones. Empresa del estado provincial para embotellar agua mineral. Parque Industrial de Posadas, Biofábrica SA, etc. La lista es larga e incorpora otras figuras que no son necesariamente empresas, como el Silicon Misiones, el polo TIC, Hamelbot, APPSA que es la Administradora provincial para operar los puertos, etc. También está en proceso de desarrollo otro fabuloso negocio estatal que consiste en la creación de un fideicomiso para vender bonos de carbono asociados a una consultora internacional. La frutilla del postre del modelo renovador sería la creación de una cripto moneda provincial, el sueño del dinero propio. En paralelo a esta estructura de negocios montada a partir del presupuesto estatal, el gobierno renovador interviene en los negocios a través de la Agencia Tributaria, el INFOPRO, el INYM que logró colonizar, etc.
Y si todo esto no quedó claro, solo basta mirar Canal 12 (Multimedios SAPEM, otra sociedad del estado) y ver como se utiliza inescrupulosamente un medio estatal como órgano de prensa y difusión de un partido político.
Por Alfredo Schiavoni, diputado nacional de Juntos por el Cambio
