Alberto Fernández, el títere que “Geppetto” Cristina creó y ahora pretende desconocer, lleva 847 días en el Poder Ejecutivo. Días que han sido uno peor que el otro. El kirchnerismo, que nos ofrece la colección de gente más detestable que conocimos en democracia, compite con el resto del Frente de Todos a ver quién hace y quién dice las peores barbaridades. Mientras, Sergio Massa está en la de siempre: ver como zafa él. Esta es la dirigencia a la que más de 12 millones y medio de argentinos votó para estar al mando de un país en el que se vive cada vez peor. Por cierto, la Argentina ha tenido muchos malos gobiernos. Pero este no es un mal gobierno. Es una calamidad pública.
Cuarenta por ciento de pobres. Más de cincuenta por ciento de inflación anual. Uno de cada dos chicos menor de catorce años viviendo en la miseria. Miles y miles de argentinos que en el siglo XXI aún no saben lo que es tener energía eléctrica, gas natural o agua potable. No se consigue trabajo, La informalidad está “al palo”. El sistema educativo desciende de nivel año tras año. Los narcos se disputan territorios en cualquier parte del país. Vivir es cada vez más difícil y morir es cada vez más fácil. Un debate político que consiste en ver quién fracasó mejor. Una sociedad cada vez más bruta, ganada por un fanatismo que se expresa en lo que sea. Provincias feudales por doquier. Impunidad y más impunidad. Giles que creen que la plata del estado la pone Dios. Una forma de vivir patética.
¿Quiénes están al frente del país donde sucede todo eso? Una mujer con un narcisismo exasperante que se metió en la política con su difunto marido para conseguir lo conseguido: tener poder absoluto y hacerse millonarios. Y un profesor de Derecho que hizo carrera política defendiendo hoy lo que atacará mañana. La idea era que él, mientras gobernaba, la ayudara a ella a sacarse de encima sus problemas judiciales. No lo logró en la medida que ella esperaba y entonces ella se enojó con él. Pero mientras tanto él debe seguir gobernando. Y no sabe hacerlo. Y ella tampoco.
Hace tres lustros que todos los días, de la mañana a la noche, hay que fumarse nuevas interpretaciones sobre lo que puede estar pasando por la mente de Cristina Kirchner. Que si está de buen o de mal humor. Que sí miró bien a fulano o miró mal a mengano. Que si tuiteó. Que si no tuiteó. Que si habla. Que si se calla. Que adónde fue. O adónde dejó de ir.
La poeta Alejandra Pizarnik escribió aquello de “Soy un buen error. Cométeme”.
Volver a darle el poder a estos que la van de peronistas para que, otra vez, diriman su interna en el gobierno, no fue un error más.
Fue el peor de todos.
Por Walter Anestiades
