La verdad, es poco imaginable que el frío ingeniero Rovira alguna vez siquiera se haya exaltado con ese u otro tema musical de Ricky Maravilla, ya que lo que pueda interpretarse de su calma y férrea impostura simplemente se evidencia cada vez que tiene que mostrarse en público, en la palestra que él mismo se escenografía. Lo que tiene el petiso, es que está muy ofuscado. Y no es para menos. Aunque sea omnipresente en todo armado político propio o extraño a él.
Este multimillonario hombre cuya fortuna no se explica en fábricas, industrias, estudios de ingeniería, o red de comercios de su propiedad ya que no se conoce el orígen de su patrimonio, es un gobernante blindado a toda investigación que quizá por el temor infundido por su Poder, ha venido reforzando hasta ahora la gran reserva que existe sobre su vida personal. Suya o la de su prole sobre la que tampoco hay datos. Talvez y solo talvez se sepa de su descendencia gracias a una que otra fotografía del buen vivir material que quieran mostrar porque, claro, no se puede vivir sin ostentar al menos un poco poseyendo tanto. Pero nada más. No hay paparazzi alguno en ese sentido.
Este «megapensador» no está desahusiado ni mucho menos, pero está sumamente afligido. Y casi que con la seguridad de un relojero, lo que más lo aflige es salirse de «control». Está frente a su propia «raspútitsa», esa que frenó a Napoleone di Buonaparte tanto como a Adolf Hitler. El camino a 2023 se le puede venir más gélido y más lodoso para su maquinaria electoral. Y está ofuscado. Las manifestaciones sociales que UDPM no puede manejar, lo ofuscan. Lo ofuscan más que el liderazgo nacional de Misiones en el índice de letalidad por Covid (210 decesos de 21554 según datos oficiales).
Lo enturbia que la territorialidad fiscal de UDPM no pudo con la opinión electoral 2021. Está ensombrecido no solo ante la posibilidad de que se reiteren resultados, sino a que se incrementen; ya que sin el voto de los electores renovadores la oposición a ese «frente» no lo hubiese conseguido. Está claro que tres veces consecutivas, al menos en Oberá, culpa del frío y la lluvia no fué… y eso lo pone gris.
Sabe el altivo hombre, que ya no es el de menor estatura en su Gobierno, que sus últimas apariciones frente a su coto de prensa sólo muestran el profundo desprecio a la educación tradicional que exige esfuerzo y excelencia, y por ende tiempo en formación. Se puede comprobar que no existe el aprendizaje de alto nivel por arte de magia. Se bruñe, se talla, se moldea.
Su robótica, que ha sido tomada en cuenta por alguna otra jurisdicción educativa del país, o el flipped learning o su enardecida educación disruptiva, se caen como el sistema eléctrico de la provincia o queda en off-side como la precaridad estructural de los establecimientos educativos, o la desigualdad de acceso a las tecnologías en los estratos menos favorecidos de la sociedad de «su tierra sin mal». Ni el Bayern Münich se lo cree. Este hombre necesita convencer por más que pagar no le resulte inconveniente, porque también se sabe que el mentiroso con plata es muy creíble. Aunque erija miles de laboratorios de nanosatélites. Pero cuando no te podés agachar, a veces, puede ser que no sea porque tenés la visagra oxidada.
«Los ministros tienen que trabajar más con el Gobernador», dijo a la manera de Gildo. Pero el problema no son los ministros -que en lo personal rescato a uno que es el que más vuelo político histórico le está dando a la cartera que maneja, el problema es «su» refresh frente al refresh de la vereda de enfrente. El problema son las conclusiones que se saquen de las comparaciones entre unos y otros, comparaciones que hoy por hoy deben ser efectivamente más odiosas para sacar algo en claro.
Lo que tiene ese petiso, es que si la nueva generación de jóvenes líderes de la oposición se comprometen verdaderamente a jugar el rol que les corresponde desde sus cargos electivos o los partidarios, no sólo se erigirán como astillas de «esas» maderas sino como, quizás, la nueva materia de interpelación política ante los actos de gobierno. Porque es al ñudo seguir hablando del oficialismo cuando los que tienen que hablar son los opositores. Lo que tiene el petiso, más allá de que se crea la frutilla de la torta porque está arriba de la crema, es el riesgo de que el electorado se de cuenta que si gana la oposición y la territorialidad que le garantizó Marilú se vaya al tacho, le terminen quitando la Ley de Lemas.
POLITICA – MISIONES
Análisis
por Walter Bravo.
Observador Urbano
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